No hay tiempo de espera
La urgencia de resolver la crisis venezolana es ineludible. No estamos ante un proceso de ajuste gradual ni frente a simples reformas administrativas, sino ante la necesidad de una transformación democrática profunda, consciente y estructural. Un cambio que no puede limitarse a lo económico, lo social o a la reconstrucción de infraestructuras, por necesarias que estas sean.