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Venezuela ante el nuevo Congreso estadounidense

Llaves

Editorial

Los demócratas ganaron el martes el control de ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos. Los venezolanos tenemos razones para seguir con atención ese resultado, pero entenderlo exige abandonar una simplificación extendida entre nosotros: que todo demócrata es socialista y que solo los republicanos pueden acompañarnos en la recuperación de nuestra libertad.

El Partido Demócrata reúne corrientes diversas: progresistas, moderados, centristas y dirigentes que han defendido con firmeza la causa democrática venezolana. También existen diferencias dentro del Partido Republicano. Reducir esas organizaciones a una sola etiqueta impide comprender la política estadounidense y reconocer a los aliados que tenemos en ambas. La defensa de las instituciones, la alternancia y los límites al poder no es patrimonio exclusivo de ningún partido.

Desde Analítica no tomamos posición a favor de demócratas o republicanos. Valoramos sus actuaciones hacia Venezuela por su contribución a la recuperación de la democracia y al respeto de los derechos de los ciudadanos. Ese criterio permite agradecer los apoyos y cuestionar las decisiones sin subordinarnos a lealtades partidistas ajenas.

María Corina Machado ha comprendido la importancia de mantener una relación bipartidista. Sus encuentros con senadores republicanos y demócratas y las iniciativas conjuntas en favor de elecciones libres muestran que la causa venezolana encuentra respaldo en ambos lados del Congreso. Preservar y ampliar esos vínculos constituye un interés nacional.

La elección puede interpretarse, en buena medida, como un referéndum sobre Donald Trump y la gestión de su gobierno. El costo de la vida, el descontento y la demanda de mayores contrapesos contribuyen a explicar el resultado. Sería equivocado convertir esa censura en prueba de una adhesión del electorado a posiciones radicales. Los ciudadanos pueden castigar a quienes gobiernan sin compartir todas las propuestas de quienes reciben sus votos.

Para Venezuela, la nueva mayoría abre posibilidades de mayor fiscalización de la política estadounidense. El Congreso podrá pedir explicaciones sobre los compromisos petroleros, sus beneficiarios y su relación con los objetivos de una transición democrática. Ese escrutinio podría alcanzar los intereses vinculados a Betancourt. No supone una anulación automática de acuerdos, pero sí mayores exigencias de transparencia y rendición de cuentas.

También podría aumentar la presión para que la provisionalidad del poder en Caracas tenga un horizonte definido. El resultado estadounidense no determina por sí solo la salida de Delcy Rodríguez ni resuelve la cuestión de la vacancia. Puede, sin embargo, elevar el costo político de prolongar el interinato sin avances verificables hacia elecciones libres.

La mirada estadounidense comienza ya a dirigirse hacia 2028. Vance queda expuesto al desgaste del proyecto cuya continuidad aspira a representar. Rubio podría disponer de mayor margen para distinguir su trayectoria, aunque también deberá responder por los resultados de la política exterior en cuya conducción participa. Son posibilidades que deberán evaluarse a partir de sus actuaciones.

Los venezolanos debemos evitar que nuestras preferencias sobre la política estadounidense condicionen la defensa de nuestros intereses democráticos. Nos corresponde cultivar relaciones con ambos partidos, agradecer a quienes nos han acompañado y exigir coherencia a todos por igual: libertad de los presos políticos, cese de la persecución, garantías para el regreso de los exiliados, recuperación institucional y elecciones libres.

Nuestra causa no puede depender del calendario electoral de otro país. Debe ser una causa que ningún demócrata ni republicano pueda darse el lujo de ignorar.

https://www.analitica.com/el-editorial/venezuela-ante-el-nuevo-congreso-estadounidense/