La añoranza es un sentimiento de melancolía, causado por la ausencia o pérdida de una persona o situación, es decir, tiempo pasado querido.
Sin ninguna duda ni discusión, el período transcurrido desde 1958 y hasta 1998 de nuestro país, ha sido el de mayor desarrollo de nuestra historia, por supuesto existían necesidades, contratiempos e incomprensiones, pero el bienestar era tan mayor que las necesidades se hicieron llevaderas.
Los servicios públicos funcionaban correctamente, el nivel de pobreza y de hambre era más o menos el del continente y jamas llegamos a lo que vivimos y sufrimos hoy, después de ser el país más rico de Latinoamérica, hoy somos uno de los más pobres del mundo y con un nivel de hambre tan elevado, la gente encontraba trabajo digno y hasta bien remunerado, éramos un país respetado y envidiado.
Estábamos llamados a ser un país en pleno desarrollo integral, material y espiritual, en corto tiempo, por todo ello añorar ese tiempo parece lógico, natural y normal. Todo ello se interrumpió y empezó el descenso con la llegada de Chávez al poder, que destruyó todo lo bueno y empeoró lo malo, se dedicó a maltratar el país y a nosotros, con la injusta y mil veces perjudicial nacionalización y expropiación, más bien confiscación, acabó con nuestras prosperas zonas industriales, golpeó dramáticamente la propiedad privada procuró estatizar nuestra economía a la usanza comunista, con sus gravísimos efectos devastadores. Ese inmenso daño lo padecemos aun, porque los gobiernos que le sucedieron, carentes de eficacia y voluntad de servicio, no hicieron absolutamente nada por corregir el mal camino.
Por todo ello urge cuanto antes un cambio radical de lo que por desgracia todavía tenemos y ese cambio debemos nosotros y solo nosotros lograrlo y él empieza por la realización de elecciones generales para darnos nuevos gobernantes y representantes y decidir un nuevo camino.
El cambio no espera más, estamos hastiados de lo que por más de dos décadas y media tenemos, y queremos con desespero salir de ello, para alcanzar el bienestar la felicidad, prosperidad y felicidad deseados. Claro que si podemos, solo falta asumir el compromiso que tenemos contraído con la Patria con la mayor voluntad y fuerza posibles.