El refrán popular “No hay peor cuña que la del mismo palo” quiere significar que el mayor daño, la traición más dolorosa o la oposición más fuerte, proviene de personas de nuestro propio entorno, de amigos cercanos o de compañeros del mismo grupo.
“Los militares están formados para defender la República, nunca para gobernarla”, así lo sentenció nuestro Libertador Simón Bolívar y lo hizo de una manera muy firme y categórica porque sabía que estaba hablando del deber ser y de la justicia que es la verdad.
El título de esta nota lo vi en un cartel que creo fue exhibido en una manifestación en Caracas. En mi opinión recoge el gran sentimiento nacional, que se los lleven a ellos, pero que nos dejen el petroleo para nosotros manejarlo en función del interés de la República y además porque es nuestro y nos pertenece.
La relación de la política y el ser humano es el eje fundamental sobre el cual se ha construido la civilización; es una concepción tan antigua como vivir en comunidad.
Aunque luzca y parezca extraño, últimamente alguno habla de “Capitalismo Espiritual”, definido, como han tratado, como “la mercantilización de la espiritualidad y el bienestar”.
El tema de la dolarización de nuestra economía está planteado y lógicamente ha generado muchas opiniones y consideraciones; a propósito de ello escribo estas líneas en términos muy elementales y si se quiere, algunos solo enunciados.
Nuestro país, muy lamentablemente y con hondo pesar, es el de más alta tasa inflacionaria del mundo, superando por amplio margen a naciones con severas crisis económicas.
Se informa que el régimen concedió libertad a 131 presos políticos y según las organizaciones que se dedican a estar pendientes de este asunto tan humano, aún siguen presos más de 350
“Quien espera, desespera”, así lo registra un antiguo dicho popular y es verdad tan clara como el agua potable, máxime en nosotros que somos tan inmediatistas, que algunos califican de error y otros de una condición que acelera lo buscado o esperado.