Cada día resulta más difícil formarse una opinión certera a partir de la información disponible en las redes. La prensa tradicional, aun cuando pretendía ser objetiva, respondía en mayor o menor medida a determinadas corrientes ideológicas, intereses económicos o maneras de entender la sociedad.
Pero las redes han multiplicado el problema. Y la presencia cada vez mayor de la inteligencia artificial hace todavía más difícil distinguir entre información veraz, noticias falsas y, algo quizás más peligroso, campañas cuidadosamente elaboradas para construir narrativas destinadas a favorecer intereses políticos, económicos, ideológicos e incluso religiosos.
Porque una narrativa interesada no necesita estar construida sobre mentiras. Puede utilizar hechos ciertos, pero seleccionarlos, recortarlos, sacarlos de contexto o silenciar aquellos que contradicen la conclusión que se quiere imponer. Una verdad parcial puede producir una visión tan deformada de la realidad como una falsedad.
¿Cómo estar entonces razonablemente bien informados?
No existe una fórmula infalible, pero una buena práctica consiste en verificar la información en diversas fuentes serias y de reputación establecida. Si una noticia importante no aparece en ninguna de ellas, conviene ponerla en duda antes de aceptarla o difundirla.
También es indispensable consultar medios distintos, incluso aquellos cuya orientación contradiga nuestra propia manera de entender la realidad. Leer solamente aquello que confirma lo que ya pensamos puede ser reconfortante, pero difícilmente nos ayuda a comprender mejor el mundo.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a comparar publicaciones, detectar contradicciones y buscar antecedentes, pero no sustituye nuestro juicio crítico.
Afortunadamente, todavía existen periodistas serios y publicaciones confiables. Sin embargo, una parte creciente de la responsabilidad recae sobre el lector.
Ya no basta con preguntarnos si una noticia es verdadera o falsa. También debemos preguntarnos quién la difunde, qué parte de la realidad nos muestra, cuál omite y, sobre todo, qué pretende que pensemos después de leerla.
https://www.analitica.com/el-editorial/el-peligro-de-ca…ivas-interesadas/