Todo indica, por el inmenso sacrificio que soportamos, rayano ya en la desesperación, que Venezuela no aguanta más. La explosión de ánimos puede estar muy cerca con consecuencias no previsibles y se requiere de inmediato correctivos profundos que cambien radicalmente lo que nos angustia y que se aplique democracia, libertad, justicia, desarrollo integral del país, bienestar y felicidad de todos.
La crisis que padecemos es integral, por donde miramos encontramos caos, catástrofe, descomposición e irregularidad y lo más grave, crisis ética, moral y de valores que nos tiene a todos asombrados y perplejos; ello lo debemos superar cuanto antes para no caer en un barranco al que no se le ve el fondo.
Además de la honda crisis política y económica, la social nos abruma, con gente sin comer y en un estado de pobreza increíble. Frente a esta penosa y cruda realidad, la respuesta no debe ser la indiferencia y el desapego a lo que es común, debemos empinarnos lo más alto posible para salirle al paso y superar este inmenso drama que a todos afecta de una manera inmensamente negativa.
La transformación debe ser inmediata, con transparencia y sostenida con valores humanistas. La transformación que queremos no puede ser con olvido del pasado. Quienes destrozaron la República y nos causaron tanto daño, deben dar la cara a la justicia y no por pase de facturas o rencor, solamente por justicia.
Todos sabemos de la necesidad de tener órganos públicos idóneos, confiables y decentes y ello debemos alcanzarlo cuanto antes para que el país transite caminos de progreso, bienestar y felicidad.
Los temerosos de afrontar el inmenso reto que tenemos planteado, los indiferentes y los que no sienten nada por la Patria, se quedarán arraigados a la orilla del camino mientras pasa nuestra caravana triunfal.
La hora es íntegramente de la Patria y por ello debemos dedicarnos completos a ella para enaltecerla y hacerla próspera y feliz .