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La peor de las crisis es la moral

duda y lupa
Tiempo de lectura: 1 min.

Los pueblos pueden confrontar crisis políticas y económicas, ellas son superables con inteligencia, recursos y voluntad, mientras que la crisis moral solo se supera con formación y valores bien puestos, nunca con recursos económicos. Cuando la crisis es moral, los pueblos están extremadamente expuestos a lo peor, que puede llegar al exterminio, porque la convivencia pacífica se hace imposible.

Nuestra crisis es integral, es en todas las áreas, pero la moral requiere de inmediata atención. La corrupción se ha generalizado y llega a extremos mu alarmantes y como tal preocupantes a tal nivel, que estamos amenazados que se transforme en modo de vida, ya que ni siquiera se oculta, se exhibe como habilidad y viveza, casi como una virtud. Quien se enriquece indebidamente y es de dominio público, es recibido y atendido de la mejor manera en las altas esferas sociales, el tramposo es recibido como avispado y despierto. Cuando el habilidoso y calculador supera al inteligente, comedido y ponderado, las cosas no están bien.

La recuperación de la democracia, la libertad y la justicia necesariamente pasa por una convicción generalizada sobre la moral y la ética lo más firme posible. Un pueblo carente de principios morales y éticos está condenado a vivir en tinieblas y expuesto a todo lo peor, a una seria descomposición vital.

La ética nos ayuda sobre lo que es bueno y lo que no lo es, mientras la moral es el conjunto de normas, costumbres y valores aceptados por un grupo social para guiar el comportamiento de sus integrantes y para comportarnos de acuerdo a los principios y se debe tener un mínimo de las necesidades materiales resueltas, entonces debemos preocuparnos por tener un pueblo sin hambre. “Barriga llena corazón contento”, así lo indica un viejo decir y es bastante cierto, por lo tanto, todos debemos ayudarnos para tener las necesidades primarias satisfechas.

La crisis moral no se resuelve con dinero, a lo mejor mayor dinero mayor crisis, se atiende con conciencia y con valores y para comportarnos de acuerdo a la escala de ellos, de los valores, es necesario, como hemos dicho, tener resuelto al menos un mínimo de las necesidades materiales. Ayudar al hambriento es un deber que nos impone la solidaridad y que debemos atender siempre, mientras existan vulnerables no podemos estar tranquilos.