Como en las altas esferas políticas, económicas y sociales, es decir, en los cogollos de arriba se suceden hechos, acciones y discusiones que trascienden y llegan a todos; la gran mayoría no entiende, no comprende y no le gusta que lo que se trate en esa altura sea tan subalterno, donde privan los intereses personales muy por encima del interés nacional, que no cuenta para nada.
En esa esfera de arriba se encuentra la llamada dirigencia nacional, que algunos lo son y otros no, pero detentan posiciones que los presentan como tales; allí se piensa que se está decidiendo la suerte presente y próxima del país, se consideran ungidos para conocer la problemática y aportar soluciones posibles.
El asunto está en que lo que se trata allá arriba nos llega a todos y nos preocupa y aterra. porque creemos que no se está en lo cierto y mucho menos en el deber ser; es un debate de intereses mezquinos, personales y sectoriales donde el pueblo no cuenta para nada, como tampoco el interés general.
Afortunadamente en los sectores medios y bajos, el sentimiento y la preocupación son otras. El sentimiento es salir cuanto antes de lo que aún tenemos, si es posible ya, y la preocupación es la de no ver que se trabaje en ese orden, a la velocidad que deseamos.
Queremos vivir en Libertad, sin pobreza y sin hambre, tener ingresos dignos para desenvolvernos humanamente, tener buena atención pública de la salud y disfrutar de una excelente educación, todo ello con el disfrute de inmejorables servicios públicos y con seguridad pública, personal y de bienes.
El pueblo en su integridad no acepta que su presente y futuro inmediato se debata exclusivamente en las altas esferas, popularmente llamadas cogollos, sin su voz y participación activa.
Ante la inmensamente dramática situación que confrontamos, las diferencias ideológicas quedan al margen, postergadas. El pueblo entiende que el tiempo es para resolver sus necesidades y problemas y no para debatir ideas políticas. Primero resolver los problemas materiales para después discutir lo ideológico, con la barriga llena, así lo afirmó el mil veces célebre Papa León XIII, en su destacada encíclica “Rerum Novarum”, de las cosas nuevas o de los cambios políticos: “ No le hables de Dios al hambriento, porque no te va a entender”.
Además, es bueno que quien está arriba o medianamente alto dirija la mirada hacia abajo y salude, para que cuando empiece a bajar encuentre gente que le de la mano y no lo desprecien.