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Maxim Ross

Raíces y límites de una inflación galopante

Maxim Ross

La velocidad que está tomando el índice de inflación en Venezuela obliga a una seria reflexión sobre la necesidad de “curar” esta enfermedad, en apariencia de la economía, pero más de la política, a tiempo, antes de que se produzcan daños irreparables en la vida del ciudadano común. Si se constata en la experiencia histórica de los países que sufrieron procesos inflacionarios significativos, inclusive aquellos denominados como “hiperinflacionarios”, es aquel quien termina pagando por “los platos rotos”, no solo en términos de pérdidas considerables de su ingreso real y su bienestar personal, sino con irreparables y graves efectos en sus derechos civiles y políticos.

Me refiero a todo ese impacto, que a veces no le contabilizamos a la inflación y la hiperinflación, de crisis institucionales que terminaron resolviéndose con la aparición en toda América Latina de esa década “negra” de dictaduras militares o, si nos queremos ir más lejos, con todas aquellas que se sucedieron en Europa y dieron como resultado el mundo que conocimos después. Hungría, Alemania, Italia, entre otros, son ejemplos de los daños sistémicos que ella produce.

Números que deberían asustarnos

Todavía a los venezolanos no les ha hecho “clic” el crecimiento de los precios, aunque ya aparecen rasgos de protestas y acontecimientos que van indicando la ruta que nos espera. Todavía no hemos alcanzado el momento “argentino”, cuando el cheque entregado a las 8 am perdía valor cuando se intentaba convertir en efectivo dos o tres horas más tarde, o el momento italiano, peruano o boliviano cuando por un dólar se entregaba una “paca” de billetes locales en el rincón de un ascensor o en un lugar secreto. No hay que olvidar lo que vino después.

¡Para que se tenga una idea de lo que hablo, cito algunos números que nos ayuden a entender sus efectos y conformemos una opinión válida para evitarnos los daños ¡antes de que sea muy tarde! Se que estos datos se han dicho muchas veces, Zimbawe, llego a la magistral cifra de 8.000.000% de inflación. Dividan por día para imaginar la carrera y la velocidad de los precios. Bolivia, quizás el mejor ejemplo de América Latina un 11.000% y un día récord a 21.000% anual. Perú, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Nicaragua en distintos tiempos sufrieron una “enfermedad” similar originándose las convulsiones políticas y sociales que todos conocemos y lamentamos hoy día. En algunos países duro semanas, en otros meses y en otros años. No hay medida para el tiempo,

Los gobiernos pueden gastar sin límites

La respuesta está fuera de la economía. Muchos dicen que los “Estados no quiebran” y les sobra razón. No son como una empresa que tiene un patrimonio que le permite gastar o endeudarse hasta cierto límite. Los Estados pueden ir mas allá y sobran ejemplos en la historia. Los representantes del Estado, los Gobiernos, disfrutan la misma prebenda. Cobran impuestos y gastan, pero además se endeudan sin control, se hacen deficitarios y ponen en “la calle” más y más dinero. La inflación, por supuesto, es la gran maquinaria apalancadora del sistema porque con ella van los impuestos creciendo y el gasto por igual. Ese “círculo perverso” se instala, se repite y como no hay contrapartida productiva los precios suben y suben. ¿Hasta que limite?

Los limites teóricos de la inflación

Va a extrañar a quienes leen este artículo que me salga del camino de los datos y las cifras y los involucre en el tema conceptual que está detrás del tema “inflación”, así en comillas. Su padre conceptual no es Keynes, pero tiene un alto grado de responsabilidad porque introdujo en la economía un rol para el dinero que antes no estaba muy bien entendido y aceptado. Con la Gran Depresión los gobiernos se mantenían apegados al ideario liberal. Keynes intervino y propuso la fórmula mágica del “déficit spending”, esto es, crear dinero en algún lado, colocarlo en el circuito económico y, automáticamente se logra el “milagro”.

La economía sale de la depresión…sin inflación, pero la costumbre se hizo ley, los gobiernos siguieron esa ruta, la inflación hizo su “trabajo”, pero esta se reprodujo sin control y apareció el proceso inflacionario. Las voces de alarma irrumpieron en la opinión pública y en el ámbito académico, dándole fin a la “era de Keynes”, pero no en todos, pues siguen vivos varios de sus seguidores, llamados “post keynesianos” o “neo keynesianos”. Como pueden constatar ni siquiera en el plano teórico tiene límites.

Inflación en Venezuela

Aquí en Venezuela encontraron “ecos y oídos” y esa es la práctica que estamos viviendo. No es que la inflación se le “fue de las manos” al gobierno. No, es que la inflación es parte de su estrategia económica y política. ¡El gasto publico crece, la inflación y los impuestos, el gasto sigue la pauta, aumentos salariales continuos, bonos de alimentación y electorales, pensiones, aguinaldos y… paren de contar!

Al momento de escribir estas notas la inflación en Venezuela paso de un 20% anual hace pocos años a un 35% mensual ahora, lo cual significa que arribamos a más de 1000% de inflación anual, pero la velocidad es alarmante y exponencial con el salto semanal de los precios y la aceleración de la devaluación del bolívar. Nos vamos acercando peligrosamente a la Argentina, al Perú o a la Bolivia de ayer.

Quizás no se logren alcanzar aquellas cifras “récord”, porque todavía el ingreso en divisas y las reservas ofrecen un cierto “anclaje” …del lado de la economía, pero ello requiere una importante rectificación en la política económica que la abatiera. En perspectiva, con unas elecciones cruciales en el 2018 no la veo posible, porque esta tiene dos enemigos fatales: el poder y la política que es donde se origina el problema inflacionario y, en ese campo, no tiene techo.

Su límite es el caos que origina

Se vera entonces que se va convirtiendo en un problema incontrolable y que solo exige control cuando toma la fuerza suficiente para originar un caos social y operativo, tal que es imposible mantener su ritmo creciente. En el caso venezolano, con la paradoja de una inflación que no tiene contrapartida en el circulante. el caos es todavía mayor, por lo que cabe esperar que los límites de la inflación se den en el plano social cuando quien gobierna perciba que este se sale de sus manos.

La experiencia de otros países dice que es allí donde encuentra sus límites, pero lamentablemente la solución no se presenta sencilla y son varios los casos y los ejemplos de intentos de reducirla y controlarla. Vienen a la memoria los planes “cruzados”, “cruceiros”, dolarizaciones buenas y malas, hasta que, algún día, un gran consenso social logra “dar en el clavo” y aparecen los Planes “Real” y otros, no sin dejar una secuela de convulsiones políticas, institucionales y sociales en el camino. ¡Ojalá que podamos concebirlo a tiempo!

¿Camino de servidumbre y sumisión?

Maxim Ross

La muy particular encrucijada que enfrentamos en los inicios de 2017 y lo que se espera para 2018, después de haber experimentado todos los métodos constitucionales que pudieran resolver el conflicto político, obligan una serie reflexión sobre lo que pueda venir, principalmente para evaluar hasta donde es posible la viabilidad de un cambio político o, por el contrario, la permanencia del gobierno hasta el 2018 o, quizás más allá de esa fecha.

En ese sentido, este articulo está orientado a discutir que fortalezas o debilidades tiene ese cambio en un masivo respaldo popular, el cual, como es comprensible es el más difícil de obtener, inclusive con todo y las graves dificultades económicas y sociales que sufre la población, especialmente la de menores recursos y más necesitada.

Entonces, cabe la pregunta de ¿Hasta dónde ese pueblo, con todo y lo que indican las encuestas del apoyo que se supone le da al “cambio político”, será capaz de expresar su respaldo a esta medida públicamente? ¿Hasta dónde será capaz de levantar la voz y protestar enérgicamente en su favor? En ese sentido, propongo responder esa pregunta hurgando en algunos factores históricos que pueden darnos una pista, en una dirección u otra. Por esa razón apelo otra vez al título del famoso libro de Von Hayek “El camino de la servidumbre”1, en el cual defiende rigurosamente el peligro que corría Alemania frente a Hitler, pero además realiza un severo juicio sobre las posibilidades democráticas del socialismo, en particular el basado en las doctrinas marxistas.

Apelo a este ensayo porque ilustra muy claramente como un pueblo puede ser sometido fácilmente a los dictámenes de gobiernos totalitarios, eliminando las fuerzas que les permiten resistirlos. Este, a mi juicio, puede ser el caso de la sociedad venezolana, cuyas específicas características podrían comprometer un cambio de esa naturaleza.

¿Puede una sociedad rebelarse por sí misma?

A juzgar por varias experiencias históricas eso no es posible, a menos que exista una “idea fuerza” o un liderazgo que movilice la población. Si se examinan los casos ocurridos modernamente encontramos que las sociedades que cambiaron el curso de los acontecimientos tuvieron líderes y propuestas que permitieron movilizar amplias capas de la sociedad, aun cuando pueden encontrarse casos de “rebeliones” más espontaneas o menos dirigidas, pero lo que interesa no es dirimir estas opciones, aunque dicen que más se producen por la presencia de un liderazgo que sabe recoger las insatisfacciones sociales, que por reacción espontánea.

Lo que realmente interesa es indagar en qué medida la población venezolana, repito la de menos recursos, la que hace las “colas”, la que ha perdido su capacidad adquisitiva, la que no consigue medicinas o alimentos básicos, está en capacidad y posición de rebelarse realmente frente a la situación que impone el gobierno.

La sumisión tiene largo tiempo.

Mucho se ha dicho y escrito sobre el efecto nocivo que ha tenido la presencia del petróleo en la vida de la sociedad venezolana, el cual, a pesar de los beneficios que sin duda ha traído, deja una estela de conformismo, de pasividad y de dependencia, que lleva a una excesiva paralización para reclamar sus reivindicaciones y ello motivado, en mi opinión, no solo por el efecto “renta petrolera”, que permite vivir de ella sin necesidad, al menos aparente, de otras fuentes económicas, sino porque ella permitió desarrollar un Estado nacional sumamente poderoso que apabulla todo intento de expresarse.

Si a ello se agrega la circunstancia de que los particos políticos venezolanos sucumbieron a una severa crisis de representatividad y de ausencia de propuestas doctrinarias, incluyendo el caso del partido que domina en el gobierno, el PSUV, entonces el circulo vicioso de la inacción se cierra peligrosamente. Un país donde las fuerzas productivas de la sociedad fueron siempre hipotecadas al Estado y donde este domina plenamente la vida económica, la sociedad civil nunca tiene “fuerzas propias” que le den autonomía e independencia, repercute en la ausencia de una democracia efectivamente activa, participativa y representativa.

A ello se agrega que los partidos políticos se organizaron en base a idearios “socialistas” que dieron sustento a ese Estado “fuerte”, pero que además se conformaron mediante pactos y acuerdos en los que poco participaron los intereses genuinos de la sociedad civil. Por esas razones el pueblo venezolano puede estar histórica y peligrosamente atado a una línea de conducta que lo imposibilite a reaccionar y rebelarse contra este o cualquier situación global que lo perjudique.

Esa desigualdad de fuerzas explica razonablemente porque los venezolanos pudieran ser más pasivos que otras sociedades, a la hora de enfrentarse ante el infortunio que han creado distintos gobiernos. La lógica de una relación como esta hace que el enfrentamiento sea explosivo, como lo fue el 27 de febrero, con el “Caracazo”, pero no con un patrón de reacción colectiva que tenga consistencia y organicidad, que de pautas de alguna posibilidad de reacción. Ese temor persiste en el seno de este ensayo.

¿Posibilidad de un cambio político?

Si esto fuera así, las posibilidades de un “cambio político” en Venezuela se verían, como se dijo antes, seriamente comprometidas y nos podríamos ver frente a un escenario donde la “servidumbre o la sumisión” se hagan permanentes. La pregunta es, entonces: ¿Puede este escenario ser superado? ¿De qué podría depender?

Desde luego la respuesta viene por el lado del liderazgo, porque, como se dijo, las sociedades “no se rebelan” solas y, está, la venezolana difícilmente lo hará, dados los determinantes señalados. En este caso, las exigencias de liderazgo para un “cambio político” son notablemente mayores que los requeridos en otras sociedades con mayores grados de autonomía e independencia.

La historia nos dice que esas “rebeliones” se producen cuando a la sociedad se le proponen ideas o propuestas de alta envergadura que tengan enorme conexión con lo que ella sufre. Estaría demás poner ejemplos que dan luz al respecto. En Venezuela un Betancourt, un Villalba y un Chávez supieron interpretar esos sentimientos y esa relación y lograron “arrastrar” grandes movimientos sociales detrás de ellos. Esa es la lección, nos guste o no en sus lados positivos o negativos. ¿Entonces se le está proponiendo a la sociedad venezolana, esa adormecida y seducida, algún proyecto de similar calibre y envergadura?, o ¿esta nuestra oposición encerrada en un conflicto que poco o nada tiene que ver con las imperiosas necesidades de la gente?

¿La “guerra” entre el TSJ, la Asamblea o el “dialogo” pueden ser suficientes detonadores de una masiva reacción social? La respuesta es un contundente NO. No parece posible que quienes hacen “colas” y sufren el impacto del caos general que se ha creado en Venezuela se sientan representados en ese “conflicto”. Muy por el contrario pareciera contraproducente seguir focalizándose solamente en él. Luego, las posibilidades de un “cambio político” en Venezuela van a depender de que ese salto se produzca y alguien, o algo sustantivo, le sea propuesto a esa sociedad atrapada entre el miedo, el subsidio, la propaganda, la intimidación, la compra de conciencias y el “bozal de arepa”.

Esa condición pareciera indispensable para que la sociedad “le ponga el oído” a una opción distinta a la que nos gobierna. De lo contrario podríamos, como he defendido, estar condenados, como dijo Hayek en su tiempo a un “camino de la servidumbre” y a la sumisión permanente, como ha sido el caso de los pocos países que no consiguieron la fórmula secreta para desprenderse de los regímenes totalitarios, como lo son Cuba, Corea del Norte y sus variantes “ligeras” China, Vietnam, Cambodia y otros menos fáciles de identificar.

La “gente” tiene que identificar una salida, una solución para sus problemas, una propuesta creíble y confiable.

¿Cuál propuesta?

El tema es que no se trata de una cualquiera, sino de una que realmente toque el fondo del problema, esto es la superación de la forma en la que el petróleo modela la economía y la sociedad venezolanas, hasta subyugarlas a sus poderosas fuerzas, a sabiendas de que no es “culpa natural del petróleo”2, pero sí de la forma en que los distintos gobiernos lo manejaron haciéndonos completamente dependientes de él y sus ingresos. Supone superar el “estatismo”, el centralismo, el “Presidencialismo” y el gran déficit democrático que, por ejemplo, explica la debilidad de nuestra Asamblea frente al Poder Ejecutivo y el presidente.

En el fondo, no es otra cosa que la expresión de los distintos “socialismos” que orientaron a Venezuela en toda su vida contemporánea y, donde ningún partido político. fue capaz de escaparse de ellos en cualquiera de sus versiones, cristiana, marxista o keynesiana.

De lo que se trata es de presentarle a Venezuela una propuesta que genuinamente le permita liberarse de todas esas fuerzas “represivas” que la conformaron modernamente. Solo si una propuesta de ese calibre “sale a la luz”, entonces habrá posibilidades de un “cambio político”, pero: ¿Esta alguno de los partidos adversos al gobierno en esa capacidad? Sus manifestaciones, hasta ahora, se parecen, más que menos a las del PSUV, por lo cual esa masiva, seducida, adormecida sociedad de gente sin recursos, a la que aludo, difícilmente pueda captar alguna diferencia entre unos y otros. Y allí quien tiene todas las de ganar es el gobierno con todo el aparato que maneja.

Consecuencia y conclusión: para romper el modelo de “servidumbre y sumisión” hace falta algo muy distinto a lo que tenemos, mucho más audaz y que no se ve en el panorama político quien pueda proponerlo. En el mundo de la sociedad civil, en especial en su campo intelectual y profesional, en las Universidades y Centros de Estudios, estos caminos han sido propuestos, sin conseguir suficiente eco en los principales partidos. Quizás un mejor encuentro entre esos dos mundos pueda producir algo que los venezolanos compren con confianza y credibilidad, tal que puedan distinguir claramente que se trata de su liberación del modelo que, sin darse cuenta, los ha subyugado por largo tiempo.

1“The road to serfdom” F. A .Hayek. London, 1944

2 Me refiero a versiones tipo el “Excremento del diablo”