

- Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande: fragmento de una carta enviada por Simón Bolívar a su maestro Simón Rodríguez.
- Esperé que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que le tendió al niño pobre que yo era, sin su enseñanza y ejemplo no hubiera sucedido nada de todo esto: nota enviada por Albert Camus, premio Nobel de Literatura, a su maestro Germán.
- Si no hubiera sido por tus enseñanzas yo no sería lo que soy: corresponde a José Antonio Páez dirigiéndose a su maestro cuando al final de una batalla se le informó que entre los prisioneros de guerra se encontraba “Manuelote”: el otrora caporal del “Hato la Calzada” que le aplicó la Pedagogía de la Temeridad.
Pues bien, estas tres realidades existenciales constituyen la demostración más palmaria de lo que son capaces de hacer los maestros.
En consecuencia, es inexplicable que en la Constitución Nacional no aparezca ni una palabra, ni una frase, ni una oración, ni una huella, ni un esbozo de la función más importante que debe cumplir a quien el pueblo designe como Presidente; es decir, la de actuar todo el tiempo y en todas partes, como El Primer Maestro de la Republica. Por lo tanto, se debería anexar a las atribuciones presidenciales, lo siguiente:
-Guiar al pueblo con mano sabia, generosa y firme, hasta que sea capaz de diseñar su propia escala de valores y su particular manera de filosofar.
-Convencer a los pobres que lo primero que deben hacer para superar su condición de pobreza, es deslastrarse de la mentalidad de pobre que se dejaron sembrar en el cerebro.
-Despertar en el pueblo un mayor interés por más y mejor educación.
-Gerenciar la nación con eficiencia y pulcritud administrativa.
-Erradicar la generalizada creencia de que los venezolanos solo somos capaces de extraer y vender petróleo crudo.
-Utilizar un lenguaje impecable.
-Administrar la Republica con los considerados intelectual y moralmente, los mejores.
-Comprender que el deporte favorito de los venezolanos es hablar mal de sus gobernantes.
-Aceptar que no tiene el monopolio de la verdad.
-Luchar constantemente contra sí mismo para que el ejercicio del poder no lo engolosine.
- Reflexionar acerca de la enseñanza dejada por el filósofo Chino Confucio: “En un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernado debe inspirar vergüenza la riqueza”…
- Y entre otras atribuciones, ser ejemplo y modelo permanente para los maestros de aula.
Si esto llegase a ocurrir, luego estaremos ante la presencia de un autentico proceso revolucionario que por penetrar hasta las raíces más profundas del pueblo, lo hará capaz de destruir con sus propios recursos intelectuales las superestructuras mentales que lo tienen enganchado al subdesarrollo paralizante y denigrante.
Entonces, los maestros habrán demostrado que Venezuela es lo que ellos decidieron que fuese.
Villa de Cura, Sábado 16 de Junio del 2018