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Vitrina: Cuando falta quien mande

Miraflores
Tiempo de lectura: 10 min.

La tragedia que vive Venezuela tras los terremotos y sus réplicas no está siendo definida solo por la fuerza destructiva de la naturaleza, sino también por la calidad del mando bajo el cual se intenta gerenciar la emergencia.

A estas alturas, el problema central ya no es únicamente la magnitud del desastre, sino la ausencia de un liderazgo legítimo, creíble y confiable que permita coordinar con eficacia los rescates, ordenar las ayudas y transmitirle serenidad a una población golpeada y exhausta.

En una catástrofe de esta escala, la confianza no es un valor abstracto: es un recurso operativo. Cuando la población no cree en las cifras oficiales, sospecha del destino de los aportes y las donaciones, y teme que la opacidad administrativa se convierta otra vez en apropiación, el tiempo se alarga, el dolor se multiplica y la coordinación se deteriora. Eso es precisamente lo que hace tan grave que el chavismo 3.0 siga “a cargo” sin haber reconstruido ni la capacidad técnica ni la credibilidad moral necesarias para conducir una crisis de esta envergadura.

El costo de la desconfianza

Toda emergencia humanitaria necesita un centro de gravedad claro. En Venezuela, sin embargo, lo que existe es una autoridad política formal con baja legitimidad social y una enorme distancia entre control burocrático y confianza ciudadana. Esa fractura no solo debilita la comunicación oficial; también complica la llegada de ayudas, desalienta la cooperación espontánea y vuelve más difícil asignar recursos con criterio técnico.

Reuters reportó que continúan llegando rescatistas, dinero y ayuda de emergencia desde distintos países, mientras la cifra de víctimas y desaparecidos sigue creciendo y la búsqueda de sobrevivientes continúa bajo presión.

Pero incluso cuando los recursos aparecen, su impacto depende de que exista un sistema confiable para recibirlos, clasificarlos, asignarlos y rendir cuentas. Sin ese piso mínimo de confianza, cada caja, cada máquina, cada ambulancia y cada brigada corre el riesgo de entrar en un circuito más lento, más confuso y más politizado.

A esto se suma otra señal inquietante: Reuters informó episodios de saqueos en zonas afectadas de La Guaira, mientras también registró la presencia de colectivos aliados al oficialismo participando en algunos espacios de respuesta. Esa mezcla entre emergencia humanitaria, desorden social y actores armados o paraestatales es justamente lo contrario de lo que necesita una operación de rescate seria, porque introduce miedo, discrecionalidad y más incertidumbre en el terreno.

El límite del “medio tutelaje”

Otra lección de estos días es que la llamada tutela externa o conducción indirecta por parte de Estados Unidos no está alcanzando. Sí hay apoyo internacional. sí hay disposición de Estados Unidos y de otros países para empujar ayuda y coordinación. sí están entrando equipos extranjeros y respaldo material.

Pero todo indica que esa fórmula híbrida, en la que unos tutelan y otros ejecutan sin capacidad suficiente ni credibilidad, no está funcionando con la rapidez ni la consistencia que exige una tragedia de esta magnitud.

Dicho de otro modo: o Estados Unidos asume de verdad la responsabilidad de conducir esta emergencia con mando, transparencia y criterio técnico, o se reconoce que la tarea quedó grande y se abre paso a un esquema más amplio y competente de coordinación.

Lo peor de los modelos a medias es que prolongan el sufrimiento: ni corrigen de fondo la incompetencia acumulada ni permiten una gerencia nueva capaz de acortar tiempos y salvar más vidas.

La situación se vuelve todavía más delicada porque las réplicas continúan y siguen impactando sobre un terreno humano, psicológico y operativo ya muy degradado. En ese contexto, cada día perdido pesa más que en una emergencia convencional: aumenta el agotamiento de rescatistas, empeora la salud de desplazados, daña la trazabilidad de desaparecidos y profundiza la percepción de que nadie manda de verdad.

Lo que debe confirmarse ahora

La buena noticia es que todavía hay una salida mejor. No pasa por más retórica, sino por confirmar y profundizar las sugerencias que ya se han venido haciendo:

  • La primera es asumir que el liderazgo legítimo no es un lujo político sino una necesidad humanitaria inmediata
  • La segunda es construir, sin más demora, una sala situacional de respuesta rápida que sea privada, visible en tiempo real vía alguna plataforma, técnicamente seria y conectada con comanditos, voluntarios, ONG no politizadas, diáspora y equipos extranjeros.

Esa sala debe funcionar como un centro de verificación, priorización y transparencia. Su tarea no sería reemplazar formalmente al aparato estatal, sino compensar sus vacíos más graves: producir una lista única de requerimientos, mapear daños y recursos, cruzar reportes de campo, identificar cuellos de botella y orientar ayudas según importancia y urgencia.

En una crisis donde el problema no es solo la escasez sino la desorganización, ese mecanismo puede reducir tiempos muertos, evitar duplicaciones y dar confianza a ciudadanos y donantes.

También debe ratificarse una secuencia de acción clara:

  • Equipo pesado y operadores especializados
  • Rescate con vida en estructuras colapsadas
  • Trauma, ambulancias y hospitales de campaña
  • Agua potable, alimentación y refugio temporal
  • Registro de desaparecidos, inventario de daños y reconstrucción inicial.

Ese orden importa porque evita la dispersión emocional y concentra energía donde todavía puede salvarse más gente. Además, permite que cada equipo internacional o nacional se incorpore a una lógica común, en vez de actuar por intuición, presión mediática o afinidad política.

Esperanza con dirección

Conviene decirlo con claridad: estoy seguro que esto terminará bien para Venezuela, no porque el dolor sea menor de lo que hoy parece, sino porque la sociedad venezolana ha demostrado una y otra vez una enorme capacidad de resistencia, organización y reconstrucción moral.

Pero también conviene reconocer que, si se mantiene el mismo patrón de opacidad, improvisación y control sin confianza, el camino será más largo, más costoso y más cruel de lo necesario.

Por eso el mensaje de esperanza no puede ser ingenuo. Debe ser una esperanza con dirección: salvar más vidas ahora, ordenar mejor la ayuda, proteger la transparencia, reducir el espacio para el abuso y preparar desde ya una reconstrucción más seria que el país que colapsó.

La tragedia sísmica ha dejado al descubierto algo que ya era evidente: el interinato de facto no está a la altura de la tarea. Y cuando una tarea humanitaria queda demasiado grande para quienes la administran, la respuesta responsable no es aferrarse al control, sino facilitar una conducción más competente, más confiable y más legítima.

Sin necesidad de convertir esto en una consigna, la conclusión práctica es clara: Venezuela necesita una referencia de liderazgo que inspire confianza, ordene capacidades dispersas y le dé coherencia humana, técnica y moral a la respuesta.

Ese liderazgo debe articular la red de base, la cooperación internacional y la vigilancia sobre el uso de los recursos. Si eso ocurre pronto, todavía es posible acortar el dolor, reducir daños evitables y transformar esta hora oscura en el inicio de una reconstrucción nacional más limpia y más digna.

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  • NTN Consultores:

Economía desde abajo: Consumidores y microemprendimientos sostienen el país mediante remesas, dolarización informal y pagos digitales, un laboratorio económico ignorado por medios y analistas Chavismo tutelado y persistente: Aunque Maduro fue capturado y Delcy asumió con aval de Washington, el chavismo mantiene su estructura de poder, prioriza estabilidad económica y vive una transición sin garantías democráticas realesEstados Unidos y China en pugna: La intervención estadounidense redefine soberanía, limita inversiones y busca frenar la influencia china, acreedor clave de Venezuela, mientras ayuda humanitaria y controles económicos consolidan su poder duradero. 

Efecto Cocuyo: Brian Stern (GreyBull Rescue): Situación en Venezuela es una combinación de 11 de septiembre con Gaz.

ABC (España): Crece la presión para que María Corina vuelva a Venezuela ante las reservas en Washington. Un sector de funcionarios estadounidenses que apuesta por sostener a Delcy Rodríguez se opone a facilitar su regreso inmediato y mantiene que no ayudaría el regreso de la líder opositora.

@Southcom: El Comando Sur de Estados Unidos informó este sábado 27 de junio que el mayor general Kevin J. Jarrard y el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, John Barrett, sostuvieron reuniones con equipos estadounidenses de búsqueda y rescate y autoridades venezolanas para coordinar las operaciones de ayuda. 

Asdrúbal Oliveros: “Más allá de la emergencia inmediata, esta tragedia también deja una lección política imposible de ignorar. La reconstrucción de Venezuela exige algo más que recursos financieros o asistencia internacional: requiere un liderazgo con legitimidad democrática y capacidad para construir consensos”.

Tal Cual: Rescatistas nacionales y extranjeros trabajan en plena devastación por terremotos. 

En las últimas horas, Venezuela ha recibido 17 vuelos con más de 1.600 integrantes de equipos de rescate y en las próximas 24 horas se espera la llegada de 25 vuelos adicionales. En la zona comienzan a verse equipos de rescate de los enviados por distintos países. Equipos especializados de Estados Unidos, México, Colombia, El Salvador, España y muchos otros han viajado a Venezuela. Además, comunidades enteras continúan removiendo escombros por cuenta propia ante la falta de maquinaria pesada y se han logrado rescatar sobrevivientes en zonas como Caraballeda, según videos grabados por testigos. Rescatistas estadounidenses sacaron con vida a una madre y su bebé de meses de un edificio colapsado en La Guaira. 

Rescatistas de El Salvador sacan con vida a Marlene Angulo, de 69 años, tras permanecer atrapada bajo los escombros. Rescatistas españoles lograron sacar con vida a una mujer tras casi 72 horas bajo los escombros en La Guaira. 

Rescatistas colombianos sacaron con vida a Moisés, de 11 años, tras estar bajo escombros a tres metros de profundidad en La Guaira. República Dominicana amplió su asistencia a los afectados por los terremotos en Venezuela. 

El Mundo: El terremoto de solidaridad y resistencia venezolana ante el caos del chavismo: “Donde falta gobierno, sobra el pueblo”.ABC (España): El chavismo intenta bloquear el acceso de la ayuda humanitaria a las zonas devastadas por los terremotos. Los rescatistas voluntarios se abren camino con picos y palas, desafiando los obstáculos que impone el Gobierno interino.

El Pitazo: «Mientras pasamos un minuto aquí, mueren dos personas»: voluntarios denuncian trabas para registrarse en El Poliedro. 

AP: Ejército de Estados Unidos dice que atacó múltiples objetivos en Irán por segundo día consecutivo.

EFE: Irán insiste en que se deben seguir sus rutas para cruzar el estrecho de Ormuz tras el ataque a un buque.

EFE: Israel ataca el sur del Líbano un día después de la firma del acuerdo de seguridad entre ambos países.

Lo que no fue noticia (y debería serlo)

  • Que un análisis de gestión de crisis realizado este fin de semana detectó serios huecos de credibilidad con la siguiente puntuación:
    • Falta de transparencia en la distribución de ayuda → 9/10
    • Ausencia de fiscalización y control anticorrupción → 9/10
    • Equidad profundamente afectada (que no se discrimine por razones políticas) → 8/10
    • Muy baja velocidad y falta grave de eficiencia en las primeras 72 horas → 8/10
    • Falta de coordinación real entre todos los actores → 7/10.

Brecha general de falta de credibilidad: 8.1 / 10 (Muy alta).

  • O que las agencias de la ONU estiman que hasta 6,76–6,8 millones de personas pueden estar afectadas por los terremotos en Venezuela, incluyendo unos dos millones solo en Caracas; es decir, casi un tercio del país golpeado de alguna forma por la destrucción, el desplazamiento y la interrupción de servicios esenciales. La emergencia se superpone sobre una crisis previa en la que ocho millones de venezolanos ya recibían asistencia humanitaria antes de los sismos, lo que multiplica la presión sobre todos los sistemas de respuesta… más el otro tercio que emigró. ¿Será que este evento obligue a emigrar a los parientes y relacionados de los que ya se fueron?
  • Ni que, la experiencia comparada en terremotos de gran escala (Haití 2010, Turquía–Siria 2023, Nepal 2015) muestra que los campamentos masivos de desplazados pueden permanecer activos uno, dos o más años, mientras se reconstruyen viviendas y servicios. En el caso venezolano, la combinación de viviendas colapsadas, edificios condenados y estructuras inseguras sugiere la necesidad de campamentos temporales de larga duración, con estándares mínimos de agua, saneamiento, salud, educación, protección y conectividad, y no solo refugios improvisados de pocas semanas. La planificación de esos campamentos debería incluir desde el inicio censos familiares, mecanismos de distribución directa de fondos a los hogares afectados, sistemas de identificación y un registro único de pérdidas materiales, para que la reconstrucción sea más justa y menos capturable por clientelismo político.
  • Tampoco que una evaluación rápida del PNUD, usando imágenes satelitales, estima daños físicos directos por unos 6.700 millones de dólares, con un rango entre 4.700 y 8.700 millones, concentrados en viviendas y activos económicos. Unos 1,7 millones de estructuras están localizadas en las áreas afectadas por sacudidas moderadas a severas, lo que implica tres grandes categorías de pérdidas: edificios colapsados irreversiblemente, edificaciones dañadas sin recuperación viable y estructuras que requerirán refuerzo o reconstrucción parcial. Eso sin contar con el tema del manejo de los escombros que no es solo un problema estético: la remoción masiva de ruinas exige planificación para no dañar posibles sobrevivientes, evitar contaminación secundaria, abrir corredores logísticos y decidir qué se recicla, qué se entierra y qué se almacena como evidencia para futuras auditorías.

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