Acabo de pasar por una zona popular de Caracas donde una larga cola de vecinos antecedía un conjunto de deterioradas bombonas de gas. El reparto de gas doméstico sigue siendo uno de los dramas del venezolano de a pie.
Me puse a pensar cuales son los servicios o productos que aún escasean en esta Venezuela post 3E. Y recordaba la horrible etapa, anterior a 2014, en la cual los venezolanos, al mejor estilo soviético, hacíamos cola por casi cualquier producto de primera necesidad.
Pues, sí. En esta Venezuela del Protectorado gringo, los bienes más exiguos son la electricidad, el agua, el gas de bombona y la gasolina. Todos ellos tienen un denominador: son producidos por el estado chavista y prácticamente son los únicos bienes o servicios tangibles que no están en manos privadas o mixtas.
Lo insólito del caso es recordar como antes del 2014 (en 2013 hubo una liberación furtiva y silenciosa del control de cambio y del control de precios) toda la economía se manejaba bajo criterios marxistas, aderezados con el picante criollo de la corrupción militar. Era el hombre fuerte del momento quien decretaba, humedeciendo el dedo índice, cuál era el precio de la harina o de los huevos. Recuerdo con sorna el momento que el bobolongo de Jorge Arreaza (en ese entonces yerno de Chavez) decretó que, desde ese momento en adelante, el cartón de huevos se debía vender compulsivamente en Bs 650. Lo recuerdo, pues yo en ese momento estaba en el Mercado de Chacao y presencié cómo los marchantes de postura de gallina desaparecían apresurados su ovalada mercancía, la cual desapareció por un buen tiempo.
En las economías capitalistas cuando hay escasez de huevos, estos inmediatamente suben de precio, es cierto. Pero inmediatamente el avaricioso productor ve una excelente oportunidad para aumentar la producción; y así hacen muchos colegas. Al cabo de un tiempo el aumento de la producción y la competencia hacen que los huevos inunden de nuevo los anaqueles y el precio comience a disminuir. Es la ineluctable ley de la oferta y la demanda.
En las economías centralizadas de tinte marxista, son los "Arreazas" quienes determinan que, para favorecer al pueblo, el precio debe bajar a lo que le digan sus entrañas populistas. El productor no puede trabajar con esos costos y el consumidor, al ser el bien muy económico, empuja la demanda y en unas horas los benditos huevos desaparecen de los anaqueles....
Aunque reaparecen, ahora en mercados clandestinos (¿se acuerdan de los buhoneros?) a un precio exorbitante en comparación al que había antes que el genial burócrata decretara el "precio popular".
Pagamos muy caro la falta de agua, electricidad, gas y gasolina. No porque sus costos sean muy elevados sino porque la oferta es insuficiente. Y es insuficiente porque los entes responsables de su producción están quebrados por falta de inversión debido, entre otras cosas por los "precios populares" que el chavismo impuso a unas empresas, ya corrompidas e ineficientes.
Evidentemente, gran parte de la enorme tragedia de estos 26 años se la debemos a que los dirigentes chavistas reprobaron en su infancia las materias de historia universal y no se enteraron que el Muro de Berlín y la dictadura Soviética se habían caído solitas por no haber aplicado, entre otras cosas, la sencilla e inefable ley de la oferta y la demanda.
Na guará!