Cuando mis hijas eran pequeñas, los domingos por la mañana se paraban temprano, prendían el televisor y veían unas comiquitas muy divertidas. Había una que me gustaba especialmente: la de un villano que vivía planificando diabluras que, invariablemente, le salían mal. Sin embargo, el alma no era la del villano, sino la de su perro al que su amo maltrataba y “jalaba” de aquí para allá, pero que tenía la última palabra —o mejor dicho, la última carcajada— cuando los planes se desmoronaban. A mí lo que más gracia me daba era ver el perro muerto de la risa, burlándose de su amo,
El villano se llamaba Pierre, porque era francés, pero su apellido era genial: "Nodoyuna". "No-doy-una". El tipo cargaba en su propio nombre la condena de su incapacidad: nada le salía bien, no pegaba ni una sola. Cuando finalmente caí en cuenta del juego de palabras, solté una carcajada tan fuerte que mis hijas se voltearon extrañadas; les parecía muy divertido que su padre se estuviera riendo de un chiste que había estado frente a sus ojos desde el primer día.
Lo que vimos ayer en esos episodios en Nueva York, que tanto nos atañen, me recordó inmediatamente una guasa muy popular de hace casi cien años. Se trata de un merengue venezolano, probablemente de la autoría de Lorenzo Herrera, que retrataba a los mentirosos que se iban a Nueva York en busca de fortuna y regresaban apaleados. La canción desnudaba esas contradicciones tan nuestras: decían ir a buscar "unos centavos" y terminaban regresando “como fuetes de arrear pavos”.
Esa misma desconexión entre la pretensión y la realidad es la que estamos viviendo hoy. Se van buscando centavos y regresan con las manos vacías y el prestigio por el suelo.
Al analizar lo que ha pasado recientemente con el liderazgo político, hay que ser justos y reconocer que el 3 de enero ocurrió algo maravilloso. Ese día la pegaron, y por eso tendrán nuestro agradecimiento eterno. Fue un momento de acierto necesario y brillante. Pero, ¡ay, mi madre!, a partir de ahí no ha habido una sola cosa bien lograda. Desde aquel éxito inicial, la gestión cayó en un bache profundo. Es como si, tras ese breve destello, el liderazgo hubiera decidido encarnar al villano de las comiquitas. Después del 3 de enero, el villano sencillamente no da una.
La inconsistencia de los “Pierres” es alarmante. No se puede andar por la vida con esa dualidad de perseguir a unos malandros para después terminar haciendo negocios con ellos. Esa falta de coherencia no ayuda, y las consecuencias ya se están viendo desde lejos. Para el 3 de noviembre dicen que hay un desplome del apoyo dentro de la comunidad latina, que no entiende estas piruetas. Nadie entiende tampoco que se pretenda negociar con aquellos que hasta ayer eran los enemigos acérrimos, los mismos por los que la justicia norteamericana ofrece recompensas millonarias.
Amigo, no das una. ¿Cuándo vas a abrir los ojos? Por ahí no van los tiros, y esa terquedad solo profundiza la peladera política en la que estamos hundidos
La calle está gritando mensajes claros, pero parece que los “Pierres” tienen los oídos tapados. Me parece un despropósito el argumento de que "no hay condiciones" o "no hay fecha" para elecciones. ¡Por favor! Si fuimos capaces de ganarle por paliza al innombrable hombre de la servilleta bajo sus propias reglas, ¿cómo no vamos a poder ahora? La gente está deseosa de ir a votar, el pueblo quiere expresarse.
Si de verdad quisieran "dar una" y salir de este circuito de errores constantes, la estrategia debería ser clara y contundente:
- Nombramiento y blindaje del TSJ: Hay que terminar de designar a los magistrados para proteger la poca institucionalidad que queda.
- Designación de un CNE honorable: Un árbitro que no deje dudas.
- Implementación de un sistema de voto manual: Transparencia total para que el ciudadano confíe en su participación.
Haciendo esto, finalmente se abandonaría la errática estrategia original y se empezaría a caminar con sentido. ¡A dar no una, muchas!
Hacer negocios con quienes han destruido el país no tiene sentido, y los grandes inversionistas lo saben. Por eso están aquí, pero ninguno mueve la chequera
¡Pana! saben muy bien “que no das una”. Te lo han dicho en la cara y te lo han dejado por escrito. No importa si invocas al Pentágono o a las "fuerzas del cielo": si la estrategia es mala, no vas a pegar una.
Queremos que la peguen. Queremos que salgan bien y que pasen a la historia de forma positiva. Esa es la realidad, aunque les duela. Mientras tanto, algunos seguimos viendo los toros desde la barrera; nosotros, los que no tenemos visa, ni votamos en el norte, ni tenemos la más mínima intención de ir a Nueva York a buscar centavos. Aquí nos quedamos, esperando que, por el bien de todos, finalmente logren “acertar una”.
Septiembre 2026