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Petróleo venezolano, poder y hegemonía: el Caribe como tablero geopolítico

Rompecabeza
Tiempo de lectura: 4 min.

En Venezuela, desde los eventos ocurridos el pasado 3 de enero, la disputa por el petróleo venezolano no es un conflicto energético aislado ni un problema estrictamente interno. Es una manifestación concreta de la crisis del orden internacional y del retorno del poder duro como instrumento central de la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental.

Se trata, sin duda alguna, de una expresión concreta de la crisis del orden internacional y de un proceso de reconfiguración del poder global, en el cual América Latina —y particularmente Venezuela— vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia energética y militar de Estados Unidos.

Durante años se sostuvo que el hemisferio occidental había dejado de ser prioritario para Washington. Nadie recordaba la Doctrina Monroe de 1823. Sin embargo, los hechos recientes nos indican lo contrario. El Caribe, que históricamente ha sido considerado un espacio vital para la seguridad estadounidense, ha vuelto a militarizarse como zona de contención estratégica, especialmente frente a la creciente presencia e influencia de Rusia y China en la región.

Desde septiembre de 2025, Washington escaló la presión sobre Caracas. El Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ordenó desplegar el mayor contingente militar en décadas en la región. Más de 15.000 soldados estaban preparados en la zona del Caribe, donde fueron enviados varios portaaviones, entre ellos el USS Gerald Ford, el más avanzado y letal de toda la flota de la marina de Estados Unidos

Esta decisión del presidente Donald Trump de desplegar el mayor contingente militar estadounidense en el Caribe en décadas no fue un gesto simbólico, fue una señal inequívoca de hegemonía.

El petróleo como factor de poder

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en más de 300.000 millones de barriles. Desde la perspectiva de cualquier escenario de transición energética, estas grandes reservas son estratégicas, tanto por su volumen como por su ubicación geográfica. Para Estados Unidos, tener el acceso y control a este recurso bajo la órbita tecnológica, financiera o militar es estratégico porque mantiene al margen potencias extrahemisféricas.

La presencia rusa y china en el sector energético venezolano –al margen de las condiciones del mercado internacional– no solo desafía la tradicional influencia estadounidense en la región, sino que introduce actores con capacidad de proyectar poder político y militar en el Caribe, lo que representa un riesgo geopolítico. En este contexto, el petróleo deja de ser una mercancía para convertirse en un instrumento de disputa sistémica.

El Caribe: más que un mar

Ahora el Caribe no es un espacio neutro. Es una ruta energética, comercial y militar clave. Controlar el Caribe significa controlar accesos, flujos y equilibrios regionales. Por ello, el despliegue militar de Estados Unidos se lee como una estrategia de disuasión múltiple: hacia Venezuela, pero también hacia Moscú y Pekín, quienes tiene más de dos décadas de influencias en Venezuela. 

Desde esta perspectiva, la hegemonía estadounidense en América ha reaparecido; pero reconfigurada. Ya no se ejerce únicamente mediante tratados, organismos multilaterales o discursos democráticos, sino a través de presencia y poder militar, control de espacios estratégicos y presión estructural.

¿Retorno al realismo internacional?

Lo ocurrido en Venezuela (y la presencia militar en el Caribe) evidencia el retorno a una lógica clásica del poder: demostración de poder estructural en el sistema internacional. En un mundo cada vez más fragmentado, las grandes potencias actúan guiadas menos por normas y más por intereses estratégicos. Estados Unidos ha dejado claro que no está dispuesto a tolerar una pérdida de control en su entorno geográfico inmediato.

Para América Latina, el momento es incómodo pero significativo: la región vuelve a convertirse en escenario de la disputa entre grandes potencias. Venezuela está en el centro de ese tablero. Su petróleo continúa siendo una ficha geopolítica decisiva, pero hoy yace en manos de un Estado debilitado, sin la capacidad política ni institucional para administrarlo con soberanía y transformarlo en desarrollo.

Un conflicto que trasciende a Venezuela

La disputa por el petróleo venezolano no es solo una cuestión exclusiva nacional. Es parte de una redefinición del orden internacional, en el cual el poder duro vuelve a ocupar un lugar central. El despliegue militar en el Caribe confirma que, cuando están en juego recursos estratégicos y zonas vitales, la hegemonía no se negocia: se impone.

Entender este contexto es clave para comprender por qué Venezuela sigue siendo un tema prioritario en la agenda internacional, y por qué cualquier salida a su crisis pasa, inevitablemente, por las dinámicas globales del poder.

Tareas para la transición

Aunque la reciente reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos no viene acompañada de transformaciones profundas capaces de reconstruir el sector energético, el contexto actual abre una ventana de oportunidad para la transición venezolana. Se trata de un proceso indispensable para avanzar hacia la estabilidad política, económica, social y energética del país. No obstante, ninguna transición es automática ni lineal: su viabilidad dependerá de una combinación ineludible de factores internos y externos, entre ellos la reconstrucción institucional, acuerdos políticos inclusivos, la subordinación efectiva de las fuerzas armadas al poder civil y una visión estratégica que articule orden constitucional, recuperación económica, soberanía y legitimidad democrática.

@darringibbs

18 de febrero 2026

https://www.elnacional.com/2026/02/petroleo-venezolano-poder-y-hegemonia-el-caribe-como-tablero-geopolitico/