Pasar al contenido principal

Peligroso: la humanidad comienza a acostumbrarse a lo impensable

Guerras
Tiempo de lectura: 13 min.

El mayor peligro no es que lancen la bomba, más bien es que la humanidad comience a aceptar como imaginable una guerra nuclear limitada… Las conflagraciones en Ucrania e Irán le regresan al mundo una amenaza muy temida desde la catastrófica experiencia de Hiroshima y Nagasaki…

Hubo una época en que pronunciar la palabra “nuclear” producía un silencio inmediato. Bastaba recordar los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki para comprender que ciertas fronteras no debían cruzarse jamás. Luego, durante décadas, la humanidad vivió bajo el miedo de la destrucción mutua asegurada. Ese sensación del terror vivido en la segunda mitad del siglo 20 —paradójicamente— ayudó a contenernos. Nos obligó a pensar. A medir. A no avanzar demasiado cerca del abismo en medio de una guerra fría que terminó a finales del siglo pasado. Por muy poco tiempo se evaporó la angustia de una confrontación nuclear, pero en el presente siglo algo comenzó a cambiar. Lentamente… casi sin notarlo… el lenguaje nuclear volvió. Primero, apareció en pequeños círculos estratégicos. En algunos tanques de pensamiento. Posteriormente, en artículos académicos. Más tarde en programas de televisión, debates militares y declaraciones políticas. Y ahora, otra vez, y cada vez más, se discute públicamente la posibilidad de una “guerra nuclear limitada”, “controlable”, “táctica”. Como si el fuego atómico pudiera obedecer fronteras psicológicas. Como si la historia pudiera garantizar moderación una vez abierto el umbral más peligroso jamás creado por el ser humano. Y pensamos que en este punto se encuentre el verdadero drama del siglo XXI: que no son —per se— las propias bombas… sino en el hecho de que comenzamos nuevamente a imaginarlas utilizables, y peor aún, que ya se contemple su uso por parte de las fuerzas armadas de algunos países involucrados en las guerras vigentes.

Dos guerras… un mismo temor global

Hoy, el planeta observa dos escenarios profundamente conectados al mismo tiempo como son la guerra entre Rusia y Ucrania en Europa… donde en ambos tableros tanto el Kremlin —con Vladimir Putin al mando— y La Casa Blanca y el Pentágono —comandados por Donal Trump— están involucrados. Todo en medio de la creciente tensión entre Irán, Israel y Estados Unidos en Medio Oriente y el temor en Europa, Rusia y también en Estados Unidos de que la guerra en Ucrania escale considerablemente. A simple vista parecen conflictos distintos. Pero en realidad los dos revelan algo cada día más, como es el retorno de las amenazas existenciales entre potencias y naciones que sienten que su supervivencia está en juego. Rusia teme quedar estratégicamente rodeada. Ucrania lucha por su existencia nacional. Israel teme un posible enemigo nuclear en la región que intente su extinción como pueblo judío. Irán teme ser destruido o sometido. Estados Unidos teme perder liderazgo global. Europa recela volver a las guerras continentales. Y China observa cuidadosamente cómo el sistema internacional entra en zozobra. El problema es que cuando varias potencias comienzan a la vez a sentir ese temible escenario… la racionalidad estratégica se vuelve mucho más frágil.

Rusia y el regreso del pensamiento nuclear

Durante dos décadas, presumimos que las armas nucleares habían quedado relegadas exclusivamente al terreno de la disuasión. Pero la guerra en Ucrania reabrió debates que parecían enterrados. Especialmente después de que figuras influyentes del pensamiento estratégico ruso, como Sergey Karaganov, comenzaran a plantear públicamente la posibilidad de que Rusia utilizara un arma nuclear táctica limitada para obligar a Europa a retroceder en su apoyo a Ucrania. Karaganov es un analista geopolítico, politólogo y estratega ruso, conocido por su cercanía histórica a círculos de poder del Kremlin. Fue presidente del Consejo de Política Exterior y Defensa de Rusia, uno de los principales think tanks geopolíticos del país, y ha participado como asesor o interlocutor cercano de distintos gobiernos rusos. Su lógica es extrema… pero coherente dentro de ciertos círculos estratégicos rusos: Occidente —según ellos— dejó de temer verdaderamente una escalada nuclear. Y precisamente por eso continúa avanzando militarmente a través de la OTAN. Desde esa visión, un pequeño golpe nuclear táctico en una ciudad europea serviría para restaurar el miedo y reestablecer la disuasión. No necesariamente para destruir Europa… sino para paralizar psicológicamente a Occidente. El problema es que toda teoría sobre guerras nucleares limitadas tropieza con una realidad imposible de controlar, como es que nadie sabe cómo reaccionaría la otra parte. Una detonación nuclear limitada podría generar pánico global, activar respuestas automáticas, desencadenar represalias convencionales masivas, dividir gobiernos, o escalar fuera de control. Porque las guerras reales rara vez obedecen los planes originales.

Europa vuelve a sentir miedo

Y Europa lo percibe, lo siente. Por eso el continente se está rearmando nuevamente. Alemania incrementa presupuesto militar. Polonia expande su ejército. Finlandia y Suecia abandonaron la neutralidad histórica. Se discuten refugios, defensa civil y capacidades nucleares europeas. Europa vuelve a escuchar palabras que creía desaparecidas como movilización… misiles… disuasión… guerra continental. Y no se trata solamente de Ucrania. Estamos hablando del regreso del miedo histórico europeo. Ese temor en cada quién que el viejo continente conoce demasiado bien desde 1914 y 1939.

Irán

Es el otro punto donde el mundo podría romperse el acuerdo tácito de la humanidad de “nunca más” un arma atómica. El quid es que mientras Europa mira hacia Ucrania… el Medio Oriente acumula otra tensión aún más emocional. Porque aquí no intervienen solamente intereses geopolíticos. Intervienen religión, memoria histórica, identidad y supervivencia. Israel considera que un Irán nuclear podría representar una amenaza existencial. Y este término cambia completamente su lógica estratégica. Israel nació bajo la memoria del exterminio judío europeo. La idea de quedar vulnerable ante una amenaza de destrucción forma parte de la psicología del Estado israelí. Por eso Israel históricamente ha actuado preventivamente cuando percibe riesgos estratégicos mayores. Lo hizo contra Irak. Lo hizo contra Siria. Líbano, Gaza Y observa obsesivamente el programa nuclear iraní.

¿Y si Irán anuncia que ya posee armas nucleares? 

Ese podría ser uno de los momentos más peligrosos del siglo XXI. Porque imaginemos el siguiente escenario: Irán anuncia inesperadamente que logró producir entre 10 y 20 armas nucleares operativas. No necesariamente tendría que utilizarlas de inmediato. Bastaría con demostrar que existen. El impacto psicológico mundial sería inmenso. Israel se sentiría amenazado directamente en su supervivencia como pueblo. Arabia Saudita probablemente buscaría capacidad nuclear propia. Turquía y Egipto reconsiderarían sus estrategias. Estados Unidos enfrentaría presión enorme para actuar. Y Rusia y China observarían el reordenamiento completo del Medio Oriente. La proliferación nuclear regional comenzaría aceleradamente. Y el problema central es que las armas nucleares no solo sirven para destruir. También sirven para modificar los comportamientos políticos globales.

¿Podría Israel atacar primero?

Sí. Absolutamente. Ese escenario no puede descartarse. La doctrina estratégica israelí históricamente prioriza evitar amenazas existenciales antes de permitir que maduren. Por eso muchos analistas creen que, si Israel concluyera que Irán ya posee capacidad nuclear operacional y voluntad potencial de utilizarla, podría considerar ataques preventivos extremos. Primero, intentaría sabotajes, ciberataques, destrucción aérea, operaciones especiales, y asesinatos selectivos. Ya lo ha transitado. Ahora bien, si llegara a la opción de que el tiempo se agotó… y que Irán ya tiene o en días tendrá armamento atómico, el riesgo de decisiones extraordinarias aumentaría enormemente. Y allí aparece el verdadero peligro psicológico, porque cuando un Estado cree que pelea por sobrevivir, los límites morales y estratégicos comienzan a desplazarse. Aunque Israel nunca lo ha confirmado oficialmente, existe un amplio consenso internacional entre analistas, gobiernos y centros de investigación de que posee armas nucleares. Además, la doctrina israelí contempla mantener una capacidad de “último recurso” si percibiera un riesgo extremo para su existencia como Estado.

¿Y Estados Unidos?

En el caso de EEUU la situación es distinta. Posee una superioridad militar convencional gigantesca frente a Irán. No necesita armas nucleares para destruir la infraestructura iraní. Por eso hoy parece menos probable un primer uso nuclear estadounidense contra Irán o en un escenario nuclear relacionado con Rusia y Ucrania. Si hipotéticamente Iran amenazara seriamente con usar armas nucleares contra Israel, o peor aún, si llegara a utilizarlas, la reacción de EEUU probablemente sería inmediata y masiva, aunque no necesariamente nuclear en primera instancia. La prioridad inicial probablemente sería impedir nuevos lanzamientos, destruir la capacidad nuclear iraní, proteger a Israel, contener la expansión regional, y evitar una guerra nuclear generalizada. Aunque en este hipotético tablero aparece el verdadero problema psicológico y estratégico: Una vez que un arma nuclear es utilizada en Medio Oriente —aunque sea “limitada”— el mundo entero cambia de fase histórica. Porque Entonces, Rusia tendría que reaccionar diplomática y militarmente, China intentaría evitar el colapso global, Europa entraría en pánico estratégico, los mercados colapsarían, el petróleo podría dispararse brutalmente, y la presión sobre Washington sería gigantesca. Ahora bien, si el escenario fuese inverso —es decir, si Israel utilizara primero un arma nuclear alegando amenaza existencial— entonces la situación sería todavía más compleja para Washington. Porque Estados Unidos quedaría atrapado entre su alianza histórica con Israel, la presión internacional, el riesgo de guerra regional total, y la necesidad de evitar que Rusia, China o el mundo islámico interpreten aquello como una legitimación del uso nuclear preventivo. En ese escenario, Washington probablemente intentaría respaldar inicialmente la supervivencia israelí, evitar el aislamiento total de Israel, contener represalias iraníes o regionales, y simultáneamente presionar para impedir una escalada nuclear mayor. Pero el costo político y geopolítico sería enorme. Por el otro lado, si Rusia utilizara un arma nuclear táctica en Ucrania —o peor aún, en territorio de la OTAN en Europa— el mundo entraría inmediatamente en la crisis geopolítica más grave de la historia. Sin embargo, incluso en este escenario extremo, muchos analistas creen que Estados Unidos intentaría inicialmente evitar una respuesta nuclear automática equivalente. Porque el objetivo central de Washington sería impedir que una detonación táctica limitada escale hacia un intercambio nuclear estratégico, destrucción masiva continental, o una guerra termonuclear global. En paralelo, el Pentágono elevaría de forma inmediata el nivel nuclear mundial, y simultáneamente los submarinos nucleares entrarían en alerta máxima, los bombarderos estratégicos despegarían, los misiles serían preparados y dispuestos para actuar, y el mundo entero pasaría al nivel de tensión más alto desde la Guerra Fría. Porque una vez roto el tabú nuclear, todas las potencias comenzarían a prepararse para lo peor. Washington intentaría que China e India presionaran inmediatamente a Moscú. Porque incluso China comprende que el uso nuclear ruso destruiría los mercados globales, la estabilidad económica, el comercio, las inversiones, y el equilibrio internacional. Beijing probablemente intentaría evitar desesperadamente una escalada estratégica mayor. Estados Unidos aplicaría su fundamental doctrina estratégica estadounidense que tradicional e imperativamente busca mantener la “escalera nuclear” lo más abajo posible. Es decir, evitar cruzar etapas irreversibles. 

La otra estrategia

Washington parece prepararse silenciosamente para un mundo potencialmente más inestable. Y allí aparece el petróleo y la nueva arquitectura energética occidental. Estados Unidos produce hoy más de 13 millones de barriles diarios. Pero además observa cuidadosamente a Canadá, Guyana, México, Brasil, Venezuela, y hasta Groenlandia, cuya producción petrolera extendida junto a la estadounidense alcanzaría hasta 30 millones de barrilles. Porque el verdadero temor estratégico no es solamente militar. Es energético. Si el estrecho de Ormuz colapsara… si Irán bloqueara las rutas marítimas… si las instalaciones sauditas fueran destruidas… o si una guerra regional afectara la producción petrolera… la economía mundial podría entrar en shock. Y por eso Washington parece impulsar una especie de “seguridad energética hemisférica”. Así, Guyana emerge como nuevo productor clave. Canadá se vuelve vital. Venezuela regresa al tablero de EEUU. Groenlandia adquiere valor estratégico por minerales y rutas árticas. Detrás de todo esto aparece una idea silenciosa: Occidente necesita reducir las dependencia de regiones explosivas o en estado de guerra. Porque quien controla la energía… controla resiliencia… y en América el manejo y defensa de las rutas permanece bajo control de EEUU.

China: la potencia que observa mientras los demás se desgastan

Y en medio de todo aparece China. Quizá el actor más paciente de todos. China no parece querer una guerra nuclear. Todo lo contrario. Necesita estabilidad en el comercio, en el flujo energético, en los mercados mundiales, en el desarrollo tecnológico, y en su crecimiento económico. Una guerra nuclear regional destruiría exactamente aquello que Beijing necesita para convertirse en la primera potencia mundial. Por eso China intentará mantener equilibrio, dialoga con Rusia, comercia con Irán, evita la ruptura con EEUU y Occidente, y se presenta como potencia estabilizadora. También, observa algo muy importante, que Estados Unidos comienza a dispersarse entre múltiples frentes: Ucrania, Irán, Israel, OTAN, Indo-Pacífico, y en las crisis energéticas. Mientras tanto, China gana tiempo. Tiempo para fortalecerse tecnológica, militar y económicamente. Y quizás allí radique una de las transformaciones históricas más veloces de nuestra era.

El verdadero peligro ya no es regional

Ese es el cambio fundamental. Las guerras dejaron de ser aisladas. Todo está conectado. Ucrania afecta la energía y la seguridad europea. Irán afecta el petróleo global. Israel e Irán alteran el Medio Oriente. Rusia desafía a Occidente. China observa Taiwán. Europa se rearma. Estados Unidos intenta sostener múltiples equilibrios. Corea del Norte evalúa donde dar una sorpresa sin que se le vea a mano… Y cuando demasiadas tensiones globales convergen al mismo tiempo… el riesgo de errores históricos aumenta enormemente…

Al final…

… es probable que la humanidad esté entrando lentamente en una etapa psicológica extremadamente peligrosa. No porque la guerra nuclear sea inevitable. Sino porque comenzamos nuevamente a hablar de ella como si fuera posible. Y toda tragedia histórica comienza mucho antes de ocurrir. Empieza cuando las sociedades se acostumbran mentalmente a imaginarla. Rusia siente miedo estratégico. Israel miedo existencial. Irán miedo de sometimiento. Europa miedo histórico. Estados Unidos miedo del declive. China, miedo al caos global que pueda destruir su ascenso. Y cuando las grandes potencias comienzan simultáneamente a sentir miedo… el mundo entero entra en una zona incierta. Por esto es por lo que el gran desafío del siglo XXI no sea solamente tecnológico, militar o económico. Tal vez sea profundamente humano. Porque la civilización creó a la inteligencia artificial, la energía nuclear, las armas hipersónicas y sistemas capaces de alterar el planeta entero… pero todavía no ha logrado resolver completamente algo mucho más antiguo: el miedo, el poder, la supervivencia y la dificultad humana para convivir sin destruir aquello mismo que necesita para existir… En este punto María Mercedes Gessen, mi esposa, acota lo siguiente: “Sabes qué… también siento miedo… no únicamente por lo que el temor puede provocar en la conducta de las personas y de los pueblos, sino que inevitablemente pienso en los niños, en las familias, en los hogares y en todos esos seres inocentes que jamás deciden una guerra, pero que terminan sufriendo sus consecuencias. Porque detrás de cada amenaza nuclear los arquitectos de las salas situacionales tienden a ignorar que los seres humanos desean levantarse al día siguiente, abrazar a quienes aman, llevar a sus hijos a la escuela, trabajar, reír, compartir una mesa, contemplar el cielo sin imaginar que desde allí pueda venir la devastación y destruir para siempre la vida de quienes nada tuvieron que ver con las decisiones tomadas desde esa sala. Ninguna bomba nuclear es pequeña y ningún argumento estratégico puede convertir en aceptable el sufrimiento de quienes quedan atrapados bajo los escombros de una ambición territorial, un resentimiento o un miedo que los líderes no supieron contener. El miedo, cuando domina a una persona, puede llevarla a herir antes de sentirse herida, y cuando ese mismo mecanismo psicológico domina a los Estados armados con poder nuclear, el peligro alcanza a toda la humanidad. Rusia teme, Israel teme, Irán teme, Europa teme, Estados Unidos teme, China teme… pero si cada nación actúa únicamente desde su temor, todas pueden terminar provocando precisamente la catástrofe que pretendían evitar. Por eso, la verdadera grandeza tiene que ver con la compasión y su fortaleza para detenerse a tiempo...”

Comentario que avalo porque la paz no es ingenuidad, ni debilidad, ni rendición, es la expresión más elevada de una humanidad que comprende que sobrevivir consiste en convivir y no en aniquilar al otro… En cuanto a mí, el temor lo siento desde que comencé a que escribir este artículo… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com... Que la Suprema Providencia Universal nos acompañe a todos…

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor y el link correspondiente de El Nacional. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen y El Nacional
https://www.elnacional.com/columnas/2026/05/peligroso-la-humanidad-comienza-a-acostumbrarse-a-lo-impensable/