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Lo que quiero ver

libertad
Tiempo de lectura: 2 min.

Leo, escucho y trato de entender, obviamente desde mi propia lógica y experiencia, las múltiples variables de la crisis donde estamos sumergidos. Trato de entender como simple ciudadano y sin ínfulas de analista o politólogo. Eso sí, con mis sesgos de formación y profesión. No gastaré espacio en repetir diagnósticos, tan sólo señalaré que la mayoría de mis compatriotas parecen estar hartos por la simple razón de estar viviendo muy mal tras casi tres décadas de rodar cuesta abajo como reza el tango de Le Pera y Gardel.

A partir del primer día de agosto es probable que se inicien reuniones y seguramente negociaciones entre el gobierno y la oposición, entre representantes de la Asamblea electa en el 2015 y la actual, por una parte, Dinorah Figuera y por la otra Jorge Rodríguez, cada uno acompañado, según dicen, por diez diputados de cada facción. 

Detrás de ellos se encuentran fuerzas dispares. La señora Figuera acudirá representando a la oposición y el señor Rodríguez, al gobierno. Ambos acudirán cargando en sus espaldas fisuras y fracturas tan profundas como las que dejó el terremoto hace un mes. Uno vendrá apoyado por las armas y las ventajas que le otorga el ejercicio del poder, pero sin mayor respaldo popular como señalan las encuestas. Del otro lado de la mesa, la señora Figuera tratará de representar a una oposición desgarrada tanto por las prácticas dictatoriales, como por sus propios errores. El objetivo, en buena parte impuesto por otra nación, es la procura de una transición que esperamos que apunte hacia una renovada república, con sólidas instituciones y regida por los principios de la democracia y los derechos humanos. Desde luego, distinta a la estimulada por Pericles en Atenas hace mas de dos siglos porque la historia deja huellas y lecciones.

A mi me interesa más lo que haga la señora Figuera y sus acompañantes. Y eso no es otra cosa que unir a la oposición en una sola voz, en forjar un sólido camino que nos conduzca a unas elecciones libres en las que tendrán la oportunidad de competir con su oferta electoral varios aspirantes. Esto pasa por la liberación de los presos políticos y el retorno al país de los líderes que viven en el exilio. Pasa también por escuchar, emitidas en libertad, voces calificadas, que no faltan en nuestro país, en materia económica, agroalimentaria, de salud pública, financiera, industrial, comercial, académica, científica y de otros ámbitos. Voces de quienes con certeza desean contribuir a mejorar nuestro desempeño como nación, rescatando o forjando la institucionalidad perdida.

Sin duda una labor difícil, no sólo por lo ocurrido en Venezuela, sino también por un contexto internacional turbulento preñado de conflictos bélicos, batallas económicas, intereses dispares, una novedosa revolución tecnológica, la amenaza del cambio climático, asimetría en los ingresos y trágicas migraciones. Hora de engavetar diferencias y emociones. Pienso, señora Figuera, que somos muchos los que le deseamos éxito en su difícil labor.