Analistas políticos coinciden en que EEUU impone un nuevo diálogo para enrumbar a Venezuela hacia una transición bajo sus propias condiciones. Por un lado, Dinorah Figuera representa a la «última entidad democráticamente electa» para el Gobierno de Donald Trump, mientras que Jorge Rodríguez da la cara por el «gobierno interino». En tanto, la figura María Corina Machado mantiene el liderazgo de la oposición pese a los retrasos de la administración Trump de apoyar su retorno al país
El retorno de Dinorah Figuera al país el pasado 18 de junio, bajo invitación del Departamento de Estado de Estados Unidos y con el mandato expreso de reunirse con el encargado de negocios John Barrett y el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, marca un nuevo hito en el plan de tres fases que promueve la administración de Donald Trump sobre Venezuela luego del 3 de enero.
Figuera, quien en 2023 fue nombrada como presidenta de la AN 2015, llegó con el objetivo de conformar junto a Rodríguez una mesa política, instancia que determinará una agenda con «hitos y cronogramas concretos» –según sendos comunicados de los parlamentos de 2015 y 2026– para lograr cuatro puntos fundamentales:
- Reconstrucción de las instituciones democráticas de Venezuela.
- Fortalecimiento del Consejo Nacional Electoral.
- Restablecimiento de garantías duraderas para la participación política
- Obtención de libertades cívicas esenciales para el discurso político abierto
«Este es un primer paso en lo que será un proceso reflexivo para asegurar una sociedad venezolana libre y abierta (…) Esperamos continuar las conversaciones entre los partidos políticos de Venezuela y el Gobierno interino en las próximas semanas en Caracas para comenzar formalmente su trabajo», añadió por su parte el Departamento de Estado en una comunicación.
Analistas políticos consultados por TalCual coinciden en que EEUU tiene objetivos claros bajo este nuevo diálogo: frenar los reclamos desde su país sobre la «normalización» de la situación política venezolana luego del 3 de enero, dar confianza a los inversionistas –tanto presentes como futuros– de una estabilización democrática real del país, y desestimar las acusaciones sobre supuestos intentos de Washington de disfrazar los intereses de algunos grupos económicos para controlar los recursos naturales de Venezuela.
La politóloga Marisela Betancourt afirma que «hubo un quiebre de la dinámica de inercia que se venía consolidando, que era el sostenimiento de un estatus quo por parte de Estados Unidos y que, de algún modo, Estados Unidos quedara satisfecho como las micro reformas que se habían estado haciendo como la liberación de algunos presos políticos, recambio de la cabeza de algunos poderes públicos, reformas legales y vinculación de algunas personas de oposición».
Asimismo, señala que esta jugada de EEUU de presionar por una agenda de transición «es un golpe para todos los frentes». Menciona a la oposición disidente que representa Henrique Capriles con Unión y Cambio, al propio interinato de los Rodríguez, y a los sectores cercanos a María Corina Machado al no haber información previa para la Plataforma Unitaria.
Benigno Alarcón, analista político y profesor de la UCAB, refiere que la administración Trump no puede entregar su mandato «sin entregar una solución final» al tema venezolano, especialmente por la presión hacia los inversionistas para confiar en Venezuela como un mercado recuperable y próspero a largo plazo. «Los dejarías al final del día sin ninguna protección si no se reinstitucionaliza el país. Eso puede ser muy costoso para cualquier gobierno, demócrata o republicano».
La transición
Phil Gunson, analista senior de Crisis Group para la región andina, señala que en las últimas semanas voceros estadounidenses han insistido que la estabilización, la primera fase del plan anunciado por el secretario de Estado Marco Rubio en enero, ya se ha concluido.
«Es decir, supuestamente Venezuela ya está estable y estaríamos entrando en la fase dos que es la recuperación económica, una recuperación que el venezolano de a pie no está sintiendo; pero en realidad, al analizar la situación, está claro que esas tres fases no pueden ser secuenciales. No podemos esperar que se termine la recuperación económica para que haya una transición política. Todo va de la mano. No puede haber recuperación económica, prosperidad y transición si no es de la mano de unos cambios profundos en materia política. Creo que estaríamos en una combinación de fase dos y fase tres», expresa.
Benigno Alarcón considera que Venezuela está en la puerta de esa fase de transición, aunque no la ha atravesado por completo. Para lograrlo, dice, se necesitan hechos concretos.
«Que verdaderamente se inicie la negociación, haya una agenda, se marquen unos hitos, hayan avances verificables de esa agenda. Por ejemplo, la fecha para la liberación de presos políticos, el regreso de exiliados, fecha para el nombramiento de nuevos rectores del CNE, que se abra el Registro Electoral para venezolanos dentro y fuera. Convertir las declaraciones en hechos nos coloca en la autopista de la tercera fase», afirma.
Estados Unidos está ensayando una nueva manera de promover una transición política, enfatiza Alarcón, al generar previamente una serie de condiciones para que el proceso de transición «no se revierta como ha sucedido en más del 50% de los casos».
En todo caso, puntualiza Marisela Betancourt, ambas partes están «obligadas» a llegar a acuerdos. «Veremos cómo reacciona el chavismo ante este escenario de imposición de acuerdos para renovar el CNE y otras instituciones. Creo que el primer elemento que nos sugiere que este proceso podría ser distinto es que no es voluntaria y, por otra parte, el perfil en este caso de quien representa, que es Dinorah Figuera, hay mucho respeto y consenso en torno a su figura».
EEUU, el árbitro directo
La administración de Donald Trump ha dicho que «respalda» el proceso. «Esa es la única manera de que Venezuela tenga un futuro más democrático y próspero», se expresó en el comunicado del jueves. Pero los analistas coinciden en que no es mediador, sino parte directa como árbitro debido a los intereses en juego.
«Es un mediador que interviene con sus propios intereses y que interviene con sus propias palancas de presión (…) Lo que Estados Unidos tiene que evitar como mediador en este proceso es que alguna de las partes use la negociación como táctica dilatoria para luego salirse de ese carril y hacer otra cosa», afirma Benigno Alarcón.
Estados Unidos tiene intereses políticos y económicos en Venezuela, recuerda Alarcón. Pero estos, aclara, «tienen una intersección en la democracia porque al final del día no vas a avanzar en esos intereses tanto como quisieran sino democratizan. Pudiéramos decir que el país está estable, pero si no avanzas con una apertura democrática, el país se puede volver a desestabilizar».
Por los momentos, dice Phil Gunson, no hay garantías de que este proceso de negociación resulte más eficaz que los anteriores, «pero hay que empezar y es positivo y particular que estamos viendo una decisión de Washington que propicie unas condiciones orientadas a una elección».
Marisela Betancourt insiste en que debe tomarse en cuenta qué produjo esta «medida disruptiva» para generar «un quiebre en la continuidad del tutelaje. Si bien siempre ha estado anunciado el generar un proceso de transición han habido muchas señales que contradicen esa intención, tanto en el panorama geopolítico sobre las necesidades de Estados Unidos frente a su política exterior, como dentro del mismo país y partido».
Es evidente, dice la politóloga, que hay un sector político de Estados Unidos que se impuso para lograr este resultado. «Ha habido presión social, incluso de algunos inversores (…) La necesidad de ciertas garantías institucionales son una de las razones que motivan a este cambio de comportamiento».
Dinorah Figuera vs el interinato
Dinorah Figuera no llega como una paracaidista a sentarse junto a Jorge Rodríguez con el apoyo de Estados Unidos. El pasado 22 de abril, la presidenta de la AN 2015 sostuvo un encuentro con el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak, con quien conversó sobre vías para una «transición democrática estable, ordenada y consolidada».
Al ser «una jugada del Departamento de Estado» tampoco puede quedar como una mediadora del proceso, afirma el profesor Benigno Alarcón. «Ella no es una institución imparcial, es representante de la oposición, de una Asamblea Nacional que fue electa (…) al decir que no tiene aspiraciones políticas y afirmar que su figura es institucional, está obligada a representar los diversos intereses que puede haber del lado de la oposición».
En todo caso, considera el profesor universitario, le toca a la Plataforma Unitaria considerar su nuevo escenario, tal como lo plantea el propio Manifiesto de Panamá firmado hace tres semanas, y fijar su posición dentro de la mesa de negociación a través de Figuera.
Asimismo, señala que la legitimidad que mantiene Figuera hoy «es residual, que es lo que queda de la Asamblea Nacional de 2015, pero la legitimidad mayoría descansa sobre una oposición representada por el movimiento del 28 de julio de 2024. No tendría ningún sentido, ni para Figuera o para el Departamento de Estado, divorciarse de ese movimiento de 2024».
Del otro lado de la acera está el interinato que manejan los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez. El analista Phil Gunson resalta que este grupo «está acostumbrado a mantenerse en el poder por la vía de la fuerza».
Sin embargo, asevera, «en este momento el equilibrio de fuerzas está inclinado definitivamente hacia Estados Unidos, si había alguna duda eso se demostró claramente el 3 de enero; por tanto, los hermanos Rodríguez, que evidentemente no son tontos, saben que si Estados Unidos decidiera forzar el asunto de la transición política es muy poco lo que ellos podrían hacer».
Esto no cambia su análisis, que «a veces es más acertado del que hace el liderazgo de la oposición» dice Gunson, sobre la actuación del presidente Donald Trump.
Delcy Rodríguez Jorge Rodríguez
«Ellos saben que a Trump la democracia no le interesa como principio, le interesa en la medida que favorezca sus intereses particulares y de su gente cercana. Ellos podrían estar apostando a que Estados Unidos estaría satisfecho con un avance económico que favorezca sus intereses y no insista mucho en la transición política que bien podría venir a complicar el asunto ¿Lo de ayer será un indicio claro de qué Estados Unidos insistirá en una transición política o es una manera de aplacar a los críticos que dicen que no hay intención en ese sentido? Creo que solo el tiempo lo dirá», expresa el analista de Crisis Group.
¿Cómo queda María Corina Machado?
La líder opositora María Corina Machado ha sido descrita en innumerables ocasiones como una figura polarizante, debido a posiciones en contravía de una Plataforma Unitaria que, tras el Manifiesto de Panamá, ahora dice apoyarla a cal y canto.
«Hay actores políticos que tienen años remando y empujando a un acuerdo nacional y diálogo, de presión desde el terreno de juego y no desde el exterior. Ahora, lo que este comunicado en Panamá plantea parece ser en torno solo al proceso electoral y al liderazgo único de María Corina Machado. Pero llega tarde porque ni Estados Unidos ni el gobierno interino tienen alguna presión para dialogar con la oposición que representa Machado», dice la politóloga Marisela Betancourt.
Para el analista Benigno Alarcón, María Corina Machado no puede ser desplazada. «No es un problema de si los americanos lo deciden o no. No la pueden desplazar porque si bien los americanos pueden ayudar en este proceso, pueden generar una enorme coerción sobre las partes, lo que no pueden hacer es decidir quién tiene la legitimidad».
Si este proceso termina en una elección democrática, dice Alarcón, las candidaturas dependerán de su legitimidad, una que dentro de la oposición todavía mantiene Machado con un evidente apoyo popular.
Por otra parte, Phil Gunson menciona que es evidente que Machado no promovió o auspició esta reunión entre Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez. «De alguna manera, parece ser otro balde de agua fría a sus pretensiones. Estados Unidos lleva meses excluyéndola o, por lo menos, no promoviendo su retorno al país y su participación directa en el proceso político».