Le robo la gráfica a @elonmusk para contar dos historias. La primera es la destrucción económica de Venezuela durante 26 años. La segunda es la transformación que podemos realizar durante los próximos años.
Hay una fórmula del desarrollo: no existen países ricos sin alto consumo eléctrico. Las economías desarrolladas necesitan electricidad para alimentar sus industrias, hospitales, universidades, sistemas de transporte, centros tecnológicos y hogares.
Y Venezuela es un caso dramático de cómo se destruye una economía que tenía enormes posibilidades de prosperar.
I. 2000–26: Un cuarto de siglo de destrucción
En el año 2000, Venezuela tenía una importante plataforma industrial, una industria petrolera de 3 MBD, uno de los grandes sistemas hidroeléctricos de América, siderúrgicas, petroquímicas, manufactura y agricultura, y millones de trabajadores calificados, trabajando. Todos en expansión.
No éramos todavía un país del primer mundo. Pero teníamos los recursos, la infraestructura y el talento para llegar a serlo.
Entonces comenzó el experimento socialista.
Durante 26 años: expropiaciones, controles, destrucción de la propiedad, politización de las empresas públicas y la persecución de la empresa privada desmantelaron nuestro aparato económico.
La industria petrolera colapsó. Miles de empresas desaparecieron. La industria retrocedió. El sistema eléctrico se deterioró hasta convertirse en un problema. Millones de venezolanos emigraron. Y la destrucción monetaria terminó de liquidar el ahorro, los salarios y la capacidad de inversión.
Resultado: una depresión histórica, comparable en magnitud con las grandes destrucciones de países en guerra. Venezuela demostró que se puede tener petróleo, gas, minerales, agua, tierras fértiles, empresarios y trabajadores extraordinarios, y aun así destruir la economía mediante un sistema político y económico equivocado. El chavismo.
La destrucción no fue sólo pérdida de riqueza. Fue una pérdida de oportunidades. Son millones de dólares que dejaron de invertirse, fondos que se robaron, empresas que nunca se construyeron, empleos que nunca se crearon y generaciones de venezolanos que no pudieron desarrollar su potencial. Ese es el verdadero costo del estatismo y el socialismo venezolano.
II. 2026–36: Reconstrucción acelerada
Ahora tenemos que revertir la trayectoria.
En Venezuela First World presento un programa de transformación económica de 10 años que contempla US$6 billones - 6 millones de millones de dólares - en inversiones y desarrollo económico, en los principales sectores.
No estoy proponiendo que el Estado gaste 6 billones de dólares. Estoy proponiendo fijar las condiciones para movilizar capital privado internacional utilizando los extraordinarios recursos de Venezuela.
El programa contempla, entre otras grandes inversiones:
- Petróleo y gas: US$906.000 millones, para alcanzar 10 millones de barriles diarios y una gran industria gasífera.
- Electricidad, agua: US$386.000 millones para reconstruir y expandir nuestra infraestructura energética.
- Transporte y logística: US$974.000 millones para ferrocarriles, autopistas, puertos, aeropuertos y sistemas de transporte.
- Ciudades y viviendas: US$1,14 billones para transformar nuestras ciudades y construir millones de viviendas.
- Educación, salud y capital humano: US$844.000 millones para desarrollar las capacidades de una sociedad moderna.
- A esto se suman inversiones en agricultura, manufactura, minería, turismo, telecomunicaciones, seguridad e infraestructura institucional.
Pero el verdadero secreto del programa no está en las cifras.
Está en cambiar radicalmente el modelo económico. Abandonar el estatismo, privatizar las actividades empresariales del Estado, abrir sus mercados a la competencia, garantizar la propiedad privada, dolarizar su economía y ofrecer seguridad jurídica a los inversionistas.
El Estado asegura orden, instituciones y ley. Las empresas invierten y producen.
No se necesita reconstruir los monopolios estatales fracasados. Se necesita una economía libre, moderna y competitiva.
III. La meta: Venezuela 2036
La gráfica muestra hacia dónde debemos dirigirnos. Para 2036 Venezuela alcanza dos grandes objetivos:
PIB PER CÁPITA: US$12.000 ANUALES.
ELÉCTRICIDAD PER CÁPITA: 10.000 kWh ANUALES.
Son metas ambiciosas de desarrollo, que requieren inversiones gigantescas y grandes aumentos de productividad.
Viable porque tenemos: las mayores reservas petroleras del planeta, inmensos recursos gasíferos y minerales, abundantes fuentes de energía, una ubicación geográfica privilegiada y millones de venezolanos preparados. Y tenemos una relación de aliado privilegiado de los Estados Unidos. El más importante del continente.
Además, no tenemos que inventar tecnologías. Ya existen. Tampoco los mercados financieros para movilizar capitales. Ya existen. Lo que necesitamos es abrir Venezuela a tecnologías, capitales y capacidades empresariales.
Y ejecutar en simultáneo. La reconstrucción eléctrica impulsa la industrial. La industria genera empleos. Los empleos crean demanda de viviendas, transporte y servicios. Las nuevas empresas aumentan la productividad, los salarios y el consumo.
Es el círculo virtuoso de la inversión, la producción y la prosperidad, exactamente lo contrario del círculo vicioso de destrucción que vivimos durante 26 años.
IV. Arrancar ya. La historia no espera
Venezuela perdió un cuarto de siglo. No podemos recuperar esos años, pero sí podemos evitar perder los próximos 10.
No podemos seguir esperando mientras las inversiones se dirigen a otros destinos, nuestros profesionales permanecen en el exterior y millones de venezolanos continúan viviendo en la pobreza.
La reconstrucción no puede quedarse en discursos, promesas y planes que no se ejecutan.
Necesitamos comenzar ya a preparar, financiar y ejecutar proyectos. Equipos de excelencia, instituciones confiables, reglas claras y empresas dispuestas a invertir masivamente.
La reconstrucción de Venezuela no consiste en regresar al país que teníamos en el año 2000. Aquel país ya tenía profundas debilidades.
Nuestra ambición tiene que ser mucho mayor. La Venezuela del Primer Mundo que nunca hemos tenido.
Pasar del estatismo a la libertad económica. De los monopolios a la competencia. De la descapitalización a la inversión. De la pobreza a la productividad. De la emigración al retorno del talento.
Tenemos los recursos. Tenemos el talento. Tenemos las tecnologías disponibles. Y tenemos un programa para organizar la transformación.
HAY QUE ARRANCAR YA PORQUE LA HISTORIA NO ESPERA. Y VENEZUELA SUFRIÓ DEMASIADO.
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