La sociedad civil, ese actor social y político, presente en Venezuela de manera innegable, especialmente desde 1999, se manifestó una vez más tras los terremotos del 24 de junio. Demostró nuevamente su solidaridad, su eficacia y algo sobre lo que cada vez hay menos dudas: que simples ciudadanos y Organizaciones no Gubernamentales de diversa índole, nacionales e internacionales, son más eficientes y útiles que el Estado y el gobierno para enfrentar los graves problemas del país. La anterior es, lo sé, una afirmación gruesa y grave, sobre la que hay que reflexionar a fondo.
La sociedad civil (SC) venezolana está, posiblemente, lejos aún de tener una formulación más orgánica que la haga más efectiva; se requiere para ello desarrollar una "agenda", que es lo que me propongo examinar y proponer brevemente. Para ello debe aprender a jugar o moverse de manera simultánea en varios "tableros". Los dos principales, sociales y políticos, son: lo relativo a la tragedia de Vargas y el desarrollo político del país para impulsar la transición a la democracia.
Crisis de los partidos
Para los venezolanos más jóvenes o los nacidos después de 1999, que en esa época aún eran niños, e incluso para los mayores, es bueno recordar cómo hizo aparición este actor en la vida política y social del venezolano; no obstante, no repetiré ideas de las que he escrito en múltiples ocasiones, solo destacaré algunas.
Los partidos políticos, pieza imprescindible de la democracia, sin los cuales no hay democracia, comenzaron su declive desde los años 70 del pasado siglo, cuando académicos, empresarios, periodistas, medios de comunicación social y personeros de la sociedad civil, cerraron filas al unísono en críticas a la corrupción e ineficacia de los gobiernos y sus protagonistas, los partidos políticos. No les faltó algo de razón, pero esa conducta, esos comentarios, en buena manera desmedidos, le hicieron el juego a lo que hoy sabemos se venía fraguando desde hacía algún tiempo en los cuarteles del país y trajo como consecuencia una despiadada arremetida contra las bases mismas del sistema democrático, que lo desestabilizaron y lo llevaron a sucumbir al aventurerismo golpista de 1992.
Treinta años de prédica continua contra los políticos y los partidos, permitió que Hugo Chávez Frías y la Constitución de 1999 le dieran un duro golpe a los partidos políticos, que venían sumidos en una aguda crisis, que se manifestó intensamente después de los intentos de golpes de Estado de 1992 y durante las elecciones presidenciales de 1993, en las cuales Rafael Caldera llegó por segunda vez a la presidencia, prescindiendo de los partidos tradicionales, con una alianza de pequeños y algunos nuevos partidos, que a la larga demostró ser muy efímera.
Era evidente el desgaste y el descontento de la población, sobre todo la más empobrecida, que compró el "discurso" de que Venezuela era un país rico —ciertamente lo era más que ahora— y que los pobres lo eran por culpa de los políticos, los partidos y gobernantes que les habían "quitado lo que a ellos les tocaba". Sobre esa narrativa y esos elementos se construyó la candidatura y el gobierno de Hugo Chávez Frías desde 1998, cuyas secuelas y "legado" todavía hoy sufrimos.
No voy a entrar ahora a detallar esos episodios históricos, de los que se ha escrito sobradamente y doy por conocidos, solo destacaré que paralelamente a ese despropósito histórico, surgió ese nuevo actor, que se manifiesta en momentos álgidos del país y en algunos procesos electorales, el ciudadano y la sociedad civil
Surge la sociedad civil.
Ese actor político, sin ser nuevo, pues está presente a todo lo largo de nuestra historia política, pasa a ser fundamental a partir de 1999, cuando en la elección de la Asamblea Constituyente y el deslave de Vargas, que paradójicamente sucedieron el mismo día, surge para hacerse presente en la historia venezolana, de manera determinante.
Desde un punto de vista positivo, el impulso a la privatización de las empresas del Estado, la descentralización administrativa, el impulso a la elección directa de los gobernadores y la elección nominal de los diputados al Congreso Nacional, entre otras políticas desarrolladas desde 1989, abrieron las puertas para la entrada en la política de este actor.
Desde un punto de vista negativo, la continua prédica antipolítica y contra los partidos políticos, de Hugo Chávez Frías, que a la vez propició que fueran solo los ciudadanos y la sociedad civil los que participaran en la elección de la Asamblea Constituyente de 1999, que él convocó y cuyos términos, parámetros y contenidos, él definió, fue también un impulso para que este actor −la sociedad civil− se manifestara, de manera decisiva.
El gobierno que se instauró en 1999, y que persiste hasta hoy, encontró así una resistencia inesperada en cantidades de grupos de la SC, quienes se opusieron tenazmente y desde un principio a sus intenciones autoritarias y totalitarias en materias educativas, económicas, políticas y de todo tipo. No siempre fueron exitosos los grupos de la SC en frustrar por completo los designios autoritarios, pero sí en retrasarlos, entorpecerlos y en lograr esa sorda resistencia al llamado, desde 2004, Socialismo del Siglo XXI; resistencia que persiste hasta nuestros días, a pesar de los "vientos revisionistas" actuales de ese modelo, hoy "tutelado" por el actual gobierno de los Estados Unidos.
Como ya dije en mi primer artículo (Ver https://bit.ly/4pO5JJI) esa SC tiene una agenda, en lo social y en lo político, que debe desarrollar y es la que me propongo examinar a continuación.
Agenda social
El primer elemento de esta "agenda", inconclusa, a desarrollar, o el más importante y urgente de la agenda social, es en este momento, sin duda, la asistencia a víctimas y damnificados del terremoto; dada, además, la ineficacia, lentitud y lenidad del Estado. No es la primera y única vez que la SC se manifiesta en acontecimientos similares; lo ha hecho desde 1999 en diversas ocasiones y en todo el país.
Aunque se trata de eventos de naturaleza distinta, de acuerdo con los especialistas, hay patrones que se repiten:
- Actuación tardía de las autoridades y que ningún organismo del Estado venezolano, a ningún nivel, lleve un registro público, consolidado, de los desastres naturales, con cifras confiables
- Vargas 1999, Mocotíes 2005 y Las Tejerías 2022, tienen una misma causa estructural: ocupación urbana sin control, en zonas con riesgo aluvional, y en consecuencia, sin sistemas de alerta temprana a lo que se suma la falta de inversión en materia de gestión de riesgo.
- El terremoto de 2026, es cualitativamente distinto a los demás eventos de la lista −hidrometeorológicos− pero los especialistas atribuyen la magnitud del daño a la intensidad del sismo y confluencia de varias fallas: características del suelo, edificaciones deterioradas o probablemente construidas sin cumplir adecuadamente normas de construcción y falta de inversión durante más de dos décadas en infraestructura y evaluación de riesgos.
En consecuencia, una vez superada la fase de emergencia inmediata −rescate de las víctimas y la estabilización de los damnificados−, la SC debe mantener su actividad, para ayudar en el proceso de reconstrucción de Vargas y de sus vidas, a los afectados. Sin duda alguna tendrá que apoyarse en recursos propios y sobre todo en las organizaciones especializadas en esta materia de la comunidad internacional; pues dadas las experiencias previas, no creo que sea confiable esperar el apoyo del Estado en esta materia.
El segundo elemento de la "agenda" inconclusa de la SC es ocuparse de sí misma; de fortalecer vínculos entre ciudadanos y organizaciones de la SC; lo que implica desarrollar las "buenas prácticas" aprendidas en más de un cuarto de siglo, desechando aquellas que llevaron al colapso de las organizaciones políticas y abrieron el camino para la instauración de prácticas y políticas autoritarias y totalitarias, que todos conocemos y no necesito describir.
Agenda política
Pero, es en lo político en donde se nos presentan los escenarios más complejos, aunque solo mencionaré cuatro áreas, a título de ejemplo:
- La relación con los partidos políticos. Sería mezquino desconocer el papel jugado por los partidos políticos en la consolidación e integración de Venezuela, pues es a esos imperfectos partidos, sus líderes y ciudadanos, a los que debemos el desarrollo institucional, la consolidación e integración democrática del país. Igualmente, sería ingenuo ignorar la necesidad de que los partidos actualicen sus formas de organización, abandonando el esquema de partidos de masas o de cuadros leninistas; profundicen en sus principios programáticos y doctrinarios. Por eso, ahora, la tarea política de partidos y sociedad civil y los ciudadanos es fortalecer partidos, sindicatos, organizaciones gremiales y apertrecharse para lo que sería un nuevo gobierno y evitar que se retroceda a situaciones de inamovilidad política como las que tuvimos en los períodos inmediatamente anteriores a 1999. De allí la insistencia en un nuevo "pacto político y social", para salir del marasmo actual, pero sobre todo para evitar retrocesos que nos conduzcan de nuevo al punto en que nos encontramos ahora. Es importante entender, que ahora que estamos en los prolegómenos de un proceso de transición, insistir en la reestructuración de los partidos políticos, pues el salto modernizador hacia la plena democratización, históricamente, en política, solo se produce por el auge de las organizaciones políticas y el fortalecimiento de las instituciones.
- El contexto internacional. Si hablamos de un proceso de "tutela" política por parte del gobierno de los Estados Unidos, es bueno recordar también que los Estados Unidos no es una nación ideológicamente monolítica y que si bien hay sectores que pudieran estar satisfechos con el actual "status" político de Venezuela −que implica un "gobierno" dúctil a los dictados del actual gobierno norteamericano− hay también sectores en ese país que prefieren una relación con gobiernos plenamente democráticos, que son mejor garantía para sus inversiones. Esos son los "aliados" que debemos buscar para entrar en una relación que sea mutuamente beneficiosa para ambos países.
- Proceso interno de diálogo político. Se dialoga con quien se puede, con quien está dispuesto a que se dé un diálogo directo, respetando naturales diferencias, sean ideológicas o políticas, y por supuesto comenzando con aquellos con quienes hay más afinidad en la búsqueda del desarrollo democrático del país. Hoy, los sectores "democráticos" del país se agrupan o dispersan, según se vea, en varios "frentes", algunos muy pequeños y "ruidosos". Pero los más importantes creo que se contraen a tres y de acuerdo a lo que sería su aparente tamaño podemos distinguir: los que se agrupan alrededor de María Corina Machado; los que se agrupan alrededor de la Plataforma Unitaria y los que se agrupan alrededor del sector democrático que está en la Asamblea Nacional. Por supuesto, hay los que se diferencian de los grupos anteriores y se agrupan alrededor de alguna otra idea, causa o persona −no citaré ninguno, para no dejar fuera a nadie ni destacar alguno que no sea más que una mera “figuración” en redes sociales y que todos conocemos−; hay también un “difuso" sector exchavista, difícil de definir sus límites y ubicar sus afinidades, que supuestamente han “roto” con el gobierno instaurado en 1999, pero sin terminar de identificarse con alguno de los tres grupos democráticos descritos o manteniendo hacia ellos las mismas posiciones de rechazo y crítica que tenían cuando se desenvolvía en el sector oficial. Sé bien las limitaciones y lo arbitrario de la clasificación anterior; pero, es solo un ejercicio inicial de para ejemplificar lo complejo de la situación con la que deben lidiar los diferentes grupos de la SC que se dedican a la actividad política; que, por cierto, esos grupos de la llamada SC tampoco son un todo homogéneo, todo lo contrario, están también bastante fragmentados y dispersos.
- Diálogo político externo. La tarea de todos los grupos mencionados, además de lograr la mayor unidad posible, en lo inmediato es ponerse de acuerdo de cara al proceso de negociación que se inició el primero de agosto con un sector gubernamental de la Asamblea Nacional −partiendo de que el sector oficial tampoco es el dechado de unidad monolítica que aparentemente tenía hace menos de un año−; pero, quiérase o no, con todas las reservas, acuerdos o desacuerdos o animadversiones, que se tengan, esa "negociación" que se inició el 1 de agosto, es un dato político innegable.
Conclusión
Y de esta manera concluyo un esbozo y una primera aproximación a lo que podríamos llamar una "agenda" política y social de la sociedad civil venezolana.