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¿Mayoría y unidad? (2)

CNE
Tiempo de lectura: 10 min.

A la memoria de Cesar Peña Vigas, ciudadano y educador
que dejo profunda huella; descansa en paz, amigo Cesar.

Continuando con la narrativa de la historia política reciente del país, inicié la semana pasada un examen de cifras de los procesos electorales desde 1998 hasta 2024, con la finalidad de evaluar lo que nos dicen acerca de la falsedad o relatividad de la supuesta mayoría de quienes gobiernan el país desde hace veintisiete años; y también para descubrir algunas pistas que nos expliquen el infructuoso resultado de la oposición democrática, en ese mismo periodo, para oponerse al gobierno, más allá de resistir y sobrevivir, que ya es un logro importante. Pero, antes de continuar me veo en la necesidad de hacer una aclaratoria que pensaba dejar para las conclusiones finales.

Aclaratoria necesaria

Aunque resalta que el gobierno que se instauró en 1999 es un gobierno de minorías −o no ha tenido una mayoría absoluta, para decirlo con más propiedad o de otra manera− en realidad parte del problema se debe a nuestro sistema electoral de votación que, entre otras cosas, no establece un número mínimo de participantes para que la votación sea válida −excepto desde la Constitución de 1999, para los referendos revocatorios− y establece que el ganador es el que obtenga más votos en la elección; es decir, una mayoría simple. En mi opinión, esto se debería modificar para que se establezca, como tienen muchos países, que el ganador −en cualquier elección o circuito: presidencial, gobernación, diputación, alcaldía− sea el que obtenga un porcentaje superior, por lo menos, del 40% de los votos −como es el caso de Costa Rica, por ejemplo− y de no ser así, debería producirse  una segunda vuelta electoral para disputar el cargo entre los dos más favorecidos con el voto popular en la primera. Esto permitiría que, al menos al principio del mandato, el ganador tenga una base más sólida para desempeñar el cargo.

Cuadro resumen

Un ejemplo muy elocuente de esta situación lo podemos ver en las elecciones presidenciales que hemos tenido en el país desde 1947 y que se resumen en este cuadro:

 

 

Este cuadro nos permite despejar algunos mitos electorales y políticos. Por ejemplo, el presidente que ganó con un mayor porcentaje de votos fue Rómulo Gallegos, en diciembre de 1947, con el 72.7% de los votos. Es de recordar que ese altísimo porcentaje de participación y de apoyo a Rómulo Gallegos, se debió en parte a las circunstancias políticas de la época −del llamado “Trienio Adeco”, durante el cual Acción Democrática gobernó al país desde la llamada “Revolución de Octubre” de 1945−; además, en la elección de 1947 fue la primera vez que votaron los mayores de 18 años y las mujeres en una elección presidencial, y fue la primera vez que se votó en el país de manera directa, universal y secreta. Pero sabemos que esa inmensa mayoría significó poco, desde el punto de vista de la gobernabilidad o estabilidad, pues el Gobierno de Gallegos fue depuesto por un golpe militar en menos de un año.

Por otra parte, vemos en el cuadro que el Presidente que ganó con un porcentaje menor de votos fue Rafael Caldera, en 1968, con el 27,7% de los votos; pero al mismo tiempo, esa fue una de las elecciones más disputadas −Rafael Caldera le ganó a Gonzalo Barrios de AD con menos de 34 mil votos de diferencia− y fue la elección presidencial con uno de los mayores porcentajes de participación electoral, 94,5%. El mayor porcentaje de participación electoral en una elección presidencial fue en 1973, con el 96,5%, cuando ganó Carlos Andrés Pérez, con el 46,6% de los votos.

Participación y Abstención

Otras cifras interesantes que invito a analizar se refieren a la “abstención” y la “participación” electoral; si bien no se puede afirmar que una u otra significan rechazo o apoyo al sistema político, no hay duda que su análisis nos puede arrojar pistas acerca del “ambiente” político que vive un país en un momento determinado. No voy a hacer una valoración o extraer conclusiones, con el cuadro más arriba, cada quien puede sacar sus propias conclusiones.

Lo único que resaltaré es lo negativo de estas cifras en cuanto a participación y abstención. El promedio de abstención se ha mantenido alto desde 1993 y ni siquiera la presencia de líderes “atractivos” compitiendo, como Hugo Chávez Frías, Henrique Capriles o llamando a la participación, como María Corina Machado en 2024, han logrado que la abstención descienda; solo en 2012 −última participación de Chávez Frías, ya enfermo−, la abstención descendió del 20%, pero levemente, al 19,8%.

Referendo de 2004

Retomando el análisis iniciado la semana pasada, en 2004 se produjo el primer referendo revocatorio de un presidente, conforme a la Constitución de 1999. Vale la pena detenerse en este oscuro proceso, cuyos resultados aun nos pesan, y describirlo sin muchos detalles, para una buena parte de los venezolanos que no lo conocieron o eran muy jóvenes.

Se recordará que tras los sucesos políticos de finales del año 2001 y sobre todo en abril de 2002, que significaron la salida del presidente de la República por unas horas y que produjo, meses después, que se iniciara en el país un proceso de negociación política −la “Mesa de Negociación y Acuerdos” de 2003, uno de los seis importantes, que yo recuerde, que se han llevado a cabo− con presencia de mediadores y facilitadores internacionales. En ese, que en realidad se inició a finales del 2002, en noviembre y concluyó en mayo de 2003, participaron como “Acompañamiento Internacional” el Presidente de la Organización de Estados Americanos, OEA, César Gaviria, el Centro Carter y un número de países, llamado “Grupo de Amigos de Venezuela” −que lo integraban: Brasil, Chile, España, Estados Unidos, México y Portugal−. Como sabemos, ese proceso de negociación desembocó, después de un año, en el primer y único referendo revocatorio en nuestra historia, conforme a lo establecido en la Constitución de 1999.

Si bien desde agosto de 2003 se podía realizar legalmente el llamado referendo, no fue sino hasta un año más tarde que se llevó a cabo, a pesar de que las firmas para invocar ese proceso fueron recogidas y entregadas con suficiente antelación, en agosto de 2003; con diversas argucias y argumentos el TSJ y el CNE retrasaron el proceso más de un año, mientras el gobierno de Chávez Frías desarrollaba su plan populista de “misiones sociales” que le abonó el camino para salir triunfante en ese referendo, que finalmente se llevó a cabo el 15 de agosto de 2004.

Los resultados del Referendo

La propia pregunta que se sometió al electorado para revocar el mandato, enrevesada y sesgada, auguraba un resultado favorable al demandado:

“¿Está usted de acuerdo con dejar sin efecto el mandato popular otorgado mediante elecciones democráticas legítimas al ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías como presidente de la República Bolivariana de Venezuela para el actual período presidencial?” (Subrayado mío)

Sin embargo, los resultados, aunque favorables para Chávez Frías, vale la pena destacarlos: La población del país en ese momento se estimaba en 23.054.210 habitantes, de los cuales estaban registrados para votar: 14.037.900, el 60,8%; concurrimos a las urnas 9.815.631 electores, lo que significa una participación del 69,92%, de los cuales fueron votos válidos: 9.789.637. En contra de la revocatoria de Chávez Frías votaron 5.800.629, el 59,1%; a favor de revocarlo votamos 3.989.008, es decir el 40,6%. Es decir, el 59% de los electores o no se movilizó a favor de Chávez Frías o votó en su contra.

Pero lo que quiero destacar es que a pesar del despliegue populista de las llamadas “Misiones Sociales”, a pesar de todas las argucias del gobierno y las instituciones que controla −TSJ y CNE− y la intensa campaña desplegada desde el Ejecutivo Nacional con recursos del estado, el 30% de la población no se movilizó para votar y entre quienes lo hicieron el 40% votó en contra de Chávez Frías. En otras palabras, solo el 25,1% del total de habitantes del país apoyó la permanencia de Chavez Frías en el poder.

Por qué ganó Chávez Frías

A más de veinte años de distancia de esos hechos, aún especulamos acerca de las causas del triunfo de Chávez Frías o el magro resultado opositor, que aunque concitó a más del 40% de los electores, no fue suficiente para defenestrar al Presidente. Comenzando por el liderazgo y carisma indiscutible de Chávez Frías, son varios los factores que explican el favorable resultado «oficialista», entre los que se pudieran citar:

–        El retraso de un año del proceso, que permitió al ejecutivo recuperar terreno político y económico tras el paro petrolero de finales de 2002 e inicios de 2003

–        El desarrollo populista de las llamadas “Misiones Sociales”, financiadas por la recuperación de los precios del petróleo, que incrementaron la popularidad y confianza en el gobierno.

–        La intimidación de la población, con la llamada “Lista de Tascón”, que desató una persecución en la población, especialmente en el sector público.

–        Las amenazas de desatar violencia en el país si el resultado de referendo no era favorable a Chávez Frías. De hecho, los eventos que se suscitaron desde la recolección de firmas para convocar el referendo −los llamados “firmazo” y “reafirmazo”− y el proceso posterior, llamado de “reparo”, antes de que las firmas fueran finalmente aceptadas por el CNE, originó enfrentamientos fuertes y violencia en el país que dejaron más de diez muertos e innumerables heridos y detenidos.

Derrota de la oposición

Tras la culminación del «Paro Petrolero» y el establecimiento de la «Mesa de Negociación y Acuerdos», la oposición en su conjunto −los partidos articulados en la Coordinadora Democrática, la ONG Súmate y la sociedad civil− respaldada por la capacidad técnica y organizativa de los expetroleros de PDVSA, desplegó un inusitado, aunque infructuoso, esfuerzo para remover del poder al presidente, por la vía electoral y constitucional.

Siempre se ha tratado de explicar la derrota opositora debido a:

–        La fragmentación de los partidos, que se integraron en la Coordinadora Democrática, mezcla heterogénea que sin embargo logró una coalición que resultó ser bastante operativa, aunque electoralmente no lo fue tanto, pues no cubrió todas las mesas de votación

–        La falta de un liderazgo único y de un programa de gobierno alternativo, aunque eso no estaba planteado, pues no era una contienda propiamente electoral; sin embargo, competía con las llamadas “Misiones Sociales” de Chávez Frías

–        El desgaste que supuso las estrategias previas de confrontación, desde abril de 2002 y el paro petrolero de finales de ese año e inicios del 2003, que no hicieron mucho daño al gobierno, pero permitió que los pésimos resultados económicos de sus políticas, que ocasionaron severos daños a la población, los achacaran a la actividad del paro general y petrolero

–        Tensiones internas, entre quienes propiciaban la vía constitucional y electoral y quienes propiciaban continuar con vías de presión callejera −que no habían dado tampoco ningún resultado−, pero esas tensiones impidieron la incorporación activa de muchos opositores y sembraron dudas entre la población acerca de la efectividad del referendo revocatorio.

Pero entre todas las razones, creo que a la “soberbia” opositora no se le ha prestado mucha atención, pues no suele argumentarse entre las causas que explican la conducta política; pero, puede haber sido un factor importante para explicar el fracaso en el referendo de 2004 y las consecuencias posteriores.

Soberbia

La soberbia de muchos, pensándose mejores que aquellos que enfrentaban, llevó a la oposición −a su liderazgo y militantes− a sobreestimarse y subestimar al adversario. Por aquellos días, poner en duda la posibilidad del triunfo o dudar acerca de las posibilidades de revocar el mandato, era considerado prácticamente una “traición”; de allí que, desde el primer momento, cuando se fueron conociendo los resultados, se comenzó a hablar de “fraude” electoral, porque era “impensable” para muchos que la oposición, con la febril actividad y el bagaje técnico exhibido pudiera ser derrotada.

El 15 de agosto de 2004, en el referéndum revocatorio de Hugo Chávez Frías, hubo todo tipo de trampas y abusos, que podemos categorizar como “fraude electoral”, de acuerdo a la definición de mi primer artículo (ver en: https://bit.ly/4iNY78B); pero, no se pudo demostrar, por no disponer de las actas electrónicas, pues escasamente se pudo cubrir con testigos el 70% de las mesas del país y de las que pudieron cubrir, al final de la jornada, ni siquiera se pudo recabar todas las actas. Y como sabemos, en las mesas en las que no hay testigos u observadores, puede ocurrir de todo.

Conclusión

En los días posteriores aparecieron todo tipo de explicaciones y hasta investigaciones y estudios, con complicadas fórmulas matemáticas y estadísticas que pretendían demostrar el supuesto “fraude electrónico”, que nunca se pudo probar y por años –hasta hoy– algunos aún arrastran ese pesado fardo, esa sospecha de fraude electrónico que nunca pudimos demostrar y que en ese momento, de haber sido posible demostrar el fraude, se hubiera tenido el respaldo internacional de la OEA y del Centro Carter, que por el contrario, avalaron la validez de los resultados presentados por el Consejo Nacional Electoral (CNE) y dieron respaldo institucional a la victoria oficialista frente a los cuestionamientos de la oposición.

Por ese “fraude electrónico” que no pudimos demostrar ni retar, no participamos plenamente en las elecciones regionales de 2004 y nos abstuvimos en las parlamentarias del 2005, perdimos varias alcaldías y gobernaciones y entregamos completamente la Asamblea Nacional al oficialismo. Continuaremos la próxima semana evaluando los procesos que siguieron al referendo revocatorio, en algunos de los cuales no participó la oposición.

 https://ismaelperezvigil.wordpress.com/