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¿“Medio independiente” o “alquiler de credibilidad”? El caso Viva la UCV y el arte de la militancia camaleónica

UCV
Tiempo de lectura: 2 min.

En el fascinante ecosistema de la posverdad venezolana, existe una criatura mediática fascinante: los proxys informativos. Plataformas que simulan tener columna vertebral, pero en realidad se mueven con la ductilidad de un pelele electoral. Su negocio no es informar, sino vestir de legitimidad los intereses de sus patrocinantes. Y en ese ranking del oportunismo 2.0, pocos superan al fenómeno Viva la UCV.

Veamos. Esta cuenta se autoproclama nada menos que el "1er Medio Informativo del Movimiento Estudiantil Venezolano y de la UCV". Suena épico, ¿verdad? El problema es que eso fue cierto… hace más de una década, cuando Hasler Iglesias ganó la FCU en 2015. Pero como en toda buena telenovela universitaria, el grupo se fragmentó. ¿Y qué pasó con las redes? Pues que el encargado de comunicaciones de aquel entonces, un bachiller eterno que logró la hazaña de durar 15 años (2007-2022) en una carrera de 4, decidió que las redes se quedaban con él. Porque, total, el movimiento estudiantil siempre vende; solo hay que saber a quién.

Ahora tenemos a un señor que ronda los 40, con un expediente más largo que su paso por las aulas —y eso que finalmente se graduó en 2022, aunque ese dato resulta tan relevante como un cenicero en una moto—, dedicado a la política del trueque: alianza con A, pelea con A; alianza con B, campaña de descrédito contra B. El modus operandi es tan predecible como patético: primero te halagan, luego te funan. Pregúntele a la exrectora. o quizás al exdecano de FaCES, a quien antes detestaba (por aquello de intentar expulsarlo) y a quien hoy defiende con devoción de loro amaestrado porque así se lo dictó su patrocinante de turno. La coherencia no es su fuerte; la sobrevivencia, sí.

Lo más delirante del caso es el camuflaje ideológico. Se venden como la "oposición pura", pero si uno enfoca la lente, descubre una realidad muy distinta: resulta que es íntimo amigo del ministro saliente de Educación Universitaria, se codea con el presidente de la comisión presidencial para la recuperación de la UCV y les hace campaña abierta en sus redes. ¡Ah! Y el broche de oro: también administra las redes del UCV FC. Para quien no lo sepa, ese equipo no representa a la universidad, sino a entes externos y contrarios al sentido universitario. Pero claro, como el señor vive del alquiler de sus perfiles, le da igual si el cliente es el chavismo radical. Lo importante es mantener el engagement.

¿Y por qué funciona este engranaje? Porque el ciudadano de a pie, el que no pisa la UCV desde hace años, cree que es un medio oficial. Otros, más ilusos, piensan que tiene una línea editorial independiente. Nada más falso. Es un proxy informativo en estado puro: una cuenta que vende la marca del movimiento estudiantil para servir intereses que nada tienen que ver con los estudiantes.

Cuando alguien se dedica a "comunicar" bajo intereses absolutamente económicos, nada tiene que ver con la verdad: es puro show. Y este show tiene nombre, apellido y un historial de quemar a todos los que dejan de pagarle.

Este es un llamado a la sindéresis (esa virtud tan escasa en redes sociales): dejen de darle relevancia a quien hace rato dejó de ser estudiante para convertirse en un mercenario de la comunicación. Porque cuando alguien prefiere administrar cuentas antes que rendir cuentas, no es por fidelidad a la verdad. Es porque ahí le pagan el show.